El ángel negro (Segunda parte)

Con cautela, cuatro cartas fueron giradas desvelando el misterio que ocultaban. Una a una, fueron colocadas sobre un pequeño atril correspondiente al jugador y dictaron su sentencia.

Buena o mala. Justa o injusta. Allí estaba.

Carta roja: 35-40 años

Carta amarilla: pelirroja

Carta blanca: joya

Carta negra: india

La jugada no era la mejor; no era satisfactoria. El resultado no apuntaba optimismo. Difícil de localizar.

Al ángel negro le hubiera gustado gritar, lanzar los dados contra la pared o levantar el tablero de un manotazo, pero se contuvo. Guardó su malestar, su nerviosismo y su rabia, y lo escondió en lo más profundo de su ser. No podía mostrar debilidad frente al resto de jugadores. Además, se le había ocurrido una idea. Sigue leyendo

El ángel negro (Primera parte)

Los cuatro dados, dos azules, uno blanco y otro negro, con sus aristas redondeadas y tras un soplido irracional de pedida de suerte, como si el lugar fuera un casino, rebotaron con calma sobre el tablero. Giraron varias veces sobre sí mismos ante la expectación de los presentes, solo cinco personas pues no era un juego apto para débiles de corazón o de mente. No se permitía la duda o la vacilación. Tampoco el abandono.dados

Los dados rodaron hasta acabar, por fin, mostrando el destino a su lanzador. Los azules marcaron seis y dos. El blanco indicó uno y el negro, cuatro. Esos eran los números a avanzar por las tres diferentes y dispares líneas de casillas del tablero. Tres curvadas y tortuosas sierpes que se enredaban y enmarañaban entre ellas como serpientes en plena cópula.

La primera línea, añil, imprimía el tiempo. Cercano o lejano. Mucho o poco. Lapso temporal siempre con un principio y un final inexcusable y limitado. Se comenzaba ese día en el que los dados giraban, rebotaban y dictaban sentencia. Luego, el destino marcado por ellos revelaba cuándo se terminaba. Sigue leyendo

Metal

Hoy me apetece jugar. ¿Y a vosotros? Hace mucho, además, que no lo hacemos.

Sé que os gusta la sección ¿Qué ves? ¿Qué imaginas? y hoy nos lo vamos a pasar muy bien jugando a adivinar qué es lo que vemos y qué es lo que imaginamos.

Mirad la siguiente imagen.

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¿Qué veis?

Parece de metal. Está borroso, como si se moviera, y brilla. Es un círculo del que sobresale una especie de bola con dos orificios bastante grandes y oscuros. El metal está arañado en algunas zonas y se ve cierta vejez en otras. Se usa.

Volved a mira la imagen y, después, cerrad los ojos.

¿Qué imagináis?

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Relatos desde El jardín del sur

Relatos desde El jardín del surCuando acabó el verano y El jardín del sur volvió a abrir sus puertas, os comenté que estaba preparando una sorpresa. Bien, pues ya está lista.

Se trata de un pequeño libro de relatos sobre el amor, la amistad, el miedo o el terror. Historias de verdad, mentiras y dolor.

Algunos de ellos los conocéis, ya que forman parte de la sección de relatos del blog, y otros son exclusivos de esta obra recopilatoria pensada para los amantes de las letras.

La idea es que podáis disfrutar de los relatos ya conocidos y de los nuevos de una forma sencilla y cercana a través de un libro digital sin la necesidad de buscarlos en el blog y leerlos en una pantalla de ordenador, que siempre es más engorroso. Por eso, mi intención era que el libro hubiera salido de forma totalmente gratuita, pero no ha sido posible. Amazon, donde está publicado, no me lo permite por lo que he tenido que ponerle precio. Pero no os asustéis que he marcado el más bajo que la plataforma deja (0,99), pues mi intención no es “sacaros los cuartos”, sino que leáis, disfrutéis, soñéis y lo paséis bien.

Espero que os guste mucho.

Enlace al libro: AQUÍ

De regreso

Las vacaciones tocan a su fin y es hora de ponerse manos a la obra. ¿Tenéis ganas? ¿Os apetece? Yo os invito a acompañarme por los muchos y singulares senderos que tiene este nuestro jardín del sur.

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En esta nueva temporada podremos pasear entre libros, fotografías, letras y curiosidades. Hablaremos del registro de la propiedad intelectual, del olvido al que es sometida la historia literaria que albergan ciertas ciudades por el peso del turismo excesivo o de los fallos ortográficos repetidos que acaban siendo norma, entre otras muchas cosas. Sigue leyendo

Cerrado por vacaciones

vacacionesDurante las próximas semanas, el blog permanecerá cerrado, que no inactivo. Ya sabéis que cualquier duda, sugerencia, mensaje, etc. que me queráis hacer llegar, será bien recibido y contestado. Seguiré, además, por las redes sociales donde también podréis contactar conmigo si queréis.

El jardín del sur cierra por vacaciones para disfrutar, relajarse y, por supuesto, descansar. Y también, no nos vamos a engañar, trabajar con más ahínco en esos proyectos que llevan buen ritmo, pero que necesitan un empujón. Éste es el momento.

Pasadlo muy bien y, allá donde vayáis, no olvidéis meter unos cuantos libros en la maleta, que siempre son una excelente compañía. Si no sabéis cuál, os invito a visitar la sección de reseñas.

Nos vemos en nada.

La compradora de almas

—Buenas tardes. Me llamo Cristina Rojo y soy asesora de “Comparte tu Alma” —lo dijo de carrerilla. Llevaba muchos años repitiéndolo—. Llamaba por si pudiera estar interesada en la posible venta de su alma.

—Yo… —dudó su interlocutora—. El alma es algo muy serio y yo no quiero venderla.

—Lo comprendo. Sé que es difícil desprenderse del alma, pero quizá tiene algún sueño que cumplir.

Siempre había un sueño. Siempre.

—No necesito nada y no voy a vender mi alma —y de la misma, colgó.

Cristina suspiró y la tachó de la lista. Llevaba cinco rechazos esa tarde. Las almas ya no se vendían como antes. Los buenos tiempos se habían desvanecido. Tenía que completar un mínimo mensual o, de lo contrario, adiós al trabajo. Le faltaba una para cumplir el objetivo. Sólo una.

Dejo la lista y el teléfono, y salió de la oficina a fumar un cigarro.

Frente a la puerta principal, observó a sus compañeros a través del cristal. Todos parecían felices y contentos. Bromeaban y hacían firmar ventas de almas a personas que, de seguro, no lo necesitaban. ¿Vender el alma por un coche o unas vacaciones? ¿Era necesario cumplir esos deseos? ¿Cuánto, de verdad, vale el alma? Sigue leyendo

Vivir dentro y fuera de las palabras

Hoy es el típico día que uno se pone delante del ordenador y las teclas se quedan mudas. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que la cabeza está a otras cosas. Está sumida en una fantasía nueva, un proyecto que durante meses ha estado imaginando, creando y dando forma. Una nueva historia que transcurre entre bruma y lluvia, y que consume tiempo, energía y los dedos de quien os habla.

Las historias son así o, quizá, los escritores somos así. Nos metemos tanto en el nuevo mundo que creamos que, a veces, nos cuesta mucho salir de él. Los personajes, como sombras, nos acompañan a cada paso, respirando cerca, y haciéndonos partícipes de cada uno de sus movimientos. ¿Qué sería de ellos sin nosotros? ¿Qué sería de nosotros sin ellos?

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Una pequeña parte de…

Hoy en ¿qué ves? ¿Qué imaginas? vamos a jugar a un juego diferente, pero muy divertido.

Cuando estudiaba periodismo, el profesor de fotografía (sí, en periodismo se estudia fotografía) nos mandó hacer un trabajo que consistía en sacar varias instantáneas de algo no mostrando exactamente qué era ese algo. Como jugar a las adivinanzas. Sacas una fotografía de una parte de ese algo y ya, después, el algo al completo.

Vamos a empezar entonces. Nos lo pasaremos bien.

Ahí va la primera foto del juego. ¿Qué veis?

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¿Qué tendrá abril?

Abril suena bien, ¿verdad? Es un nombre bonito para un mes.

Abril.

La poesía y la música le han guardado un lugar especial a este mes lluvioso, a este nombre armonioso que suena, al pronunciarlo, como esa lluvia que nos trae a la mente su dicción, pues son de abril las aguas mil, nos decía Machado.

Abril aparece en la poesía de Machado, en la de Juan Ramón Jiménez y en la de otros poetas y escritores de ayer y hoy, pero lo que yo quiero proponeros es que escuchéis un poco de música conmigo. ¿Os apetece?

Quiero que escuchéis un abril que suena a lluvia, a melancolía, a nostalgia y amor. Quiero que cantéis conmigo y tarareéis canciones de un mes en el que el desamor gobierna y la luna se queda sola sobre el mar.

 

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