Y si…

Así. Tal cual. Con esa pequeña introducción pueden nacer grandes ideas.

Muchas veces, cuando me preguntan de dónde surgen las mías, suelo responder que de un “y si…” porque no hay mayor fuente de inspiración que la curiosidad. Por ejemplo, vas por la calle, ves una mujer que pasea sola. Parece triste. La miras, la observas y, como una chispa, a tu mente acude una idea. Pequeña en principio. Solo una idea, pero que no deja de rebotar en tu cabeza. Pasan los días e incluso las semanas y, al final, esa pequeña luminosidad es el germen de una gran historia que contar.
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Un tronco…

Hoy en ¿Qué ves? ¿Qué imaginas? vamos a imaginar como nunca. Ya veréis. Allá vamos.

Mirad con atención la siguiente imagen. ¿Qué veis?

Madera, ¿verdad?

Un tronco. Sí, un simple tronco. Especial por su forma, cortes y aberturas, pero un tronco al fin y al cabo. Entonces, ¿hoy no hay juego? Sí que lo hay. No penséis que por no ponernos a adivinar qué es lo que esconde la imagen, el juego ya no tiene diversión o ha terminado porque esta vez lo que quiero que hagamos es imaginar lo que podría llegar a ser. ¿Preparados? Sigue leyendo

Mil estrellas

Trazó mil estrellas, brillantes, preciosas, para poder formar tu imagen. Al contemplarlas, divisó tus ojos  y sobre el eterno mar las fundió para crear tu cuerpo.

Te amó en silencio como la lluvia ama las flores; en silencio como la armonía ama a las notas musicales. En silencio…

Una mudez que a menudo era la balada de esa pasión furibunda que su alma siente por ti y, otras veces, fuga camino de la locura.

Eras la nota de laúd que surca el tiempo hasta colmar su mente de quimeras. Antes, si nadaba en el mar donde naciste, la luna le daba tu cuerpo y la brisa tu aliento.

Esos hermosos broches que eran tus ojos, verdes, albahaca, empujaron su pluma y le hicieron trazar la mejor de las historias; la más bella y hermosa.

Le dejaste amarte con locura y pasión. Le dejaste entrar sin vacilar en tu mundo apretando entre tus manos su vida, su alma y su mente, y mientras esa fusión se consumía, la luna se apagó y tú, ese ángel con el que la noche en vela abraza al poeta, se fue. Te fuiste.

Hoy tus alas forman un corazón roto, como el suyo cada vez que mira las estrellas y tú no apareces. Estrellas que ora no brillan como antes; estrellas que ora no se funden con el mar.

¡Ah, numen que ayer hablabas al poeta! ¿Dónde estás? Sigue leyendo

Los trotamúsicos

Hace mucho que no actualizo la sección Leer con la tv y hoy es un buen día para hacerlo. Me apetece pasarlo bien. ¿Y a vosotros?

Tengo ganas de recordar y sonreír con viejas series de dibujos animados que nos hicieron acercarnos a la literatura, por primera vez en muchos casos, aprender y disfrutar.

Emprenderemos el maravilloso viaje de hoy, como siempre hacemos en esta estupenda sección cargada, he de reconocer, de cierta nostalgia, con un vídeo. A por él.

¿Seguís cantando?

Sí, lo sé. La música de la introducción es tan pegadiza que no se os va a ir de la cabeza en todo el día. Es inevitable.

Los trotamúsicos son unos de mis dibujos animados favoritos. Tenía diez años cuando empezaron a emitirlos en TVE (en 1989) de la mano de  Cruz Delgado y es una serie basada en el cuento de los hermanos Grimm Los músicos de Bremen. Sigue leyendo

Una historia de las que marcan

Desde hace más de un año estoy trabajando en una novela de esas que comienza siendo pequeñas y acaban convirtiéndose en algo muy, muy grande.

La fotografía que os enseño en la que aparecen imágenes, mapas, lugares y dibujos a lado de explicaciones, fechas y datos se ha convertido en parte fundamental de este trabajo que si bien me está resultando duro –quizá sea la novela más difícil que he escrito hasta la fecha-, es también uno de los más gratificantes.

Los que ahí aparecen han sido mis compañeros de viaje durante todo este tiempo, desde que la empecé, y en ellos he posado tantas veces la mirada que cuando tenga que quitarlos de la pared, los echaré de menos.

Todavía queda tiempo para que eso suceda, queda mucho trabajo por hacer, pero me siento satisfecha porque en esa pared hay una historia de las que marcan, os lo aseguro.

 

Ejercicio Práctico: La sombra

Hoy, tras el periodo vacacional navideño, vuelvo a abrir las puertas de El jardín del sur y lo hago, además, con un relato muy especial. Se trata de uno que he encontrado estas navidades en casa de mis padres. Rebuscando y ordenando me he topado con un ejercicio práctico que hacíamos a veces en el instituto y que consistía en escribir un relato corto que incluyera una serie de palabras que el profesor te daba. En este caso las palabras eran: Pilar, pasear, agua, ruido, asustada, sonreír, flotar, de nuevo y armario.

A continuación os dejo el texto que resultó. He corregido algunos errores ortográficos y gramaticales, y sustituido algunas palabras repetidas, pero el resto y su esencia sigue igual. Espero que lo disfrutéis.

La sombra

De todas formas, pensó, qué puede haber dentro de un sencillo armario, y avanzó hacia él.

Mientras se dirigía  a abrirlo, volvió a escuchar el mismo ruido pero, esta vez, sonó mucho más fuerte. Pilar retrocedió asustada.

Desde muy pequeña había sido tímida e introvertida, y sobre todo muy cobarde y miedosa. Nunca se había atrevido a ir a oscuras por la casa, a mirar por encima del hombro por si alguien o algo la seguía, o a echar un rápido vistazo, por la noche, debajo de la cama. ¿Y si miraba y había algo?

Pilar dudó, pero a pesar de tener miedo, avanzó de nuevo hacia el armario. Lo hizo con paso tembloroso y siguió andando hasta llegar justo enfrente del mueble. Estiró el brazo y, con cierto temor, abrió sus enormes puertas.

Miró en su interior y no vio más que viejas mantas arrinconadas en una esquina del mueble. Nada más. No había allí nada que temer.

Satisfecha por haberse atrevido a hacerlo, Pilar sonrió. Ya no era una cobarde. Pero cuando se disponía a cerrar las puertas, una extraña sombra cobró vida dentro del armario. Sigue leyendo

El faro de…

Hace tiempo que no nos divertimos jugando a ¿Qué ves? ¿Qué imaginas? y hoy me apetece perderme por esta estupenda sección con una nueva fotografía y miles de historias que imaginar en ella. ¿Y a vosotros? ¿Os apetece?

Vamos allá.

Mirad con detenimiento la siguiente imagen. Prestad atención a los detalles y guardad todo lo que veáis en vuestra mente.

¿Qué veis?

Contempladla sin prisa.

Mirad el maravilloso mar golpeando o, mejor, acariciando las rocas. Sus distintas tonalidades de azul, su espuma y sus secretos porque estoy segura de que guarda muchos.

Observad el faro, altivo, galante, haciendo frente al viento y al sol que cae ese día a plomo. Rocas, mar, sol y viento. También hierba verde, luminosa, que resiste al embate del salitre con gallardía caballeresca.

Es un lugar embriagador, precioso e hipnótico en el que parece que el tiempo se detiene o simplemente, desaparece.

Ahora, como en otras ocasiones, tras ver la imagen, cerrad los ojos y dejad que la imaginación haga el resto.

¿Qué imagináis? Sigue leyendo

El ángel negro (Segunda parte)

Con cautela, cuatro cartas fueron giradas desvelando el misterio que ocultaban. Una a una, fueron colocadas sobre un pequeño atril correspondiente al jugador y dictaron su sentencia.

Buena o mala. Justa o injusta. Allí estaba.

Carta roja: 35-40 años

Carta amarilla: pelirroja

Carta blanca: joya

Carta negra: india

La jugada no era la mejor; no era satisfactoria. El resultado no apuntaba optimismo. Difícil de localizar.

Al ángel negro le hubiera gustado gritar, lanzar los dados contra la pared o levantar el tablero de un manotazo, pero se contuvo. Guardó su malestar, su nerviosismo y su rabia, y lo escondió en lo más profundo de su ser. No podía mostrar debilidad frente al resto de jugadores. Además, se le había ocurrido una idea. Sigue leyendo

El ángel negro (Primera parte)

Los cuatro dados, dos azules, uno blanco y otro negro, con sus aristas redondeadas y tras un soplido irracional de pedida de suerte, como si el lugar fuera un casino, rebotaron con calma sobre el tablero. Giraron varias veces sobre sí mismos ante la expectación de los presentes, solo cinco personas pues no era un juego apto para débiles de corazón o de mente. No se permitía la duda o la vacilación. Tampoco el abandono.dados

Los dados rodaron hasta acabar, por fin, mostrando el destino a su lanzador. Los azules marcaron seis y dos. El blanco indicó uno y el negro, cuatro. Esos eran los números a avanzar por las tres diferentes y dispares líneas de casillas del tablero. Tres curvadas y tortuosas sierpes que se enredaban y enmarañaban entre ellas como serpientes en plena cópula.

La primera línea, añil, imprimía el tiempo. Cercano o lejano. Mucho o poco. Lapso temporal siempre con un principio y un final inexcusable y limitado. Se comenzaba ese día en el que los dados giraban, rebotaban y dictaban sentencia. Luego, el destino marcado por ellos revelaba cuándo se terminaba. Sigue leyendo