La ortografía sí es importante y punto

Hace unos días salió en los medios de comunicación una noticia muy interesante en la que se nos informaba de que a más de la mitad de los aspirantes a bombero de Burgos se le había suspendido por faltas de ortografía. Una vez hecho público este asunto, la polémica estaba servida.bomberos

La ciudadanía se dividió en dos bandos, como siempre, y las redes sociales empezaron a arder. Por un lado estaban aquellos que defendían que esto de la ortografía era y es una verdadera tontería porque para apagar incendios no es necesario escribir bien. Este fue uno de los argumentos más utilizados. Y por otro lado, estaban todos aquellos que lo veían como un toque de atención sobre la falta de interés por nuestro idioma y el preocupante nivel del sistema educativo español (se supone que las cuestiones suspendidas correspondían a un nivel de la enseñanza obligatoria básica que todos debemos haber hecho, incluidos los bomberos). Sigue leyendo

Errores repetidos. Errores aceptados

Las vacaciones, para muchos, se acaban y toca volver a la normalidad. Con la llegada de la vida postvacacional, las ciudades y pueblos vuelven a su actividad diaria y pronto dejaremos de ver en los escaparates de comercios, tiendas o restaurantes, esos carteles en los que se nos informa del tiempo que estos establecimientos van a estar de fiesta.

Son anuncios a los que nos hemos acostumbrado sin fijarnos, muchas veces, qué es lo que se nos dice en ellos de verdad. No prestamos atención nosotros y tampoco, tras lo visto este verano, aquellos que los escriben. Me explico.

Todo empezó a principios de julio cuando paseando por una de las avenidas principales de la ciudad donde vivo, un cartel en la puerta de un establecimiento llamó mi atención. Y lo hizo no por anunciarme los días en los que estaría cerrado. Tampoco fue por su colorido, letra o forma. No. Fue otra cosa bien distinta que se repitió en agosto (de ahí la foto que a continuación os pongo) y septiembre. Lo que me hizo pararme y leerlo más de una vez fue la coletilla en la que se decía: «ambos inclusive».

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