Una carta de amor para Clara

Hoy, paseando por los alrededores de la Playa de Poniente, en Gijón, me he encontrado una carta de amor. Sí. Tal cual. Una carta de amor para Clara. Estaba sujeta entre los listones de madera de un banco, mirando al mar y al sol.

Cuando la he visto, he dudado si cogerla o no. Yo no soy Clara. No era una carta para mí, pero la curiosidad me ha podido, así que la he alcanzado y la he abierto.

Al leerla, he sentido emoción y una sonrisa enorme se ha dibujado en mi cara. Por un instante me he visto envuelta de esperanza y he pensado que, quizá, el ser humano no sea tan malo.

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Esas otras cosas que se dicen en las paredes

Los que seguís el blog, ya sabéis de mi afición a hacer fotos. Algunas sencillas, normales, como las de todos. Y otras, bueno, podríamos llamarlas lúgubres o tenebrosas, pues son de lugares que a muchos les producen espanto. Me refiero a los cementerios. Me encantan y, cuando los visito, no puedo evitar coger la cámara y hacer un millón de fotografías buscando la singularidad de cada tumba, sepulcro, panteón, etc.

Después, hay otra cosa que fotografío de la que no hablo tanto, pero que hoy voy a compartir con todos vosotros. Me refiero a las pintadas. Sí, las que adornan o ensucian, según se mire, las paredes de nuestros barrios y ciudades.

Quizá porque vengo del País Vasco, donde las pintadas abundaban pero casi siempre relacionadas con asuntos políticos, cuando veo otras que no tienen nada que ver con política, no puedo escaparme de hacer alguna foto. Me gusta saber qué escribe y piensa la gente porque, al fin y al cabo, es una forma de manifestación.

Pintadas de amor, filosóficas, eternas… Sigue leyendo

Una mujer…

Hoy vamos a imaginar. Vamos a jugar con lo que vemos y lo que no vemos.

Sin más preámbulos, ahí va la foto que quiero que contempléis con calma.Una_mujer1

Fijaros en cada detalle. Observad con detenimiento su semblante, su gesto, sus manos.

¿Qué veis? Sigue leyendo

Ojos de sal

Mansas transcurren las horas, lentas y calmadas. Con las palmas de sus manos rozando el cielo recuerda la magia de un primer ensueño, la locura de un placer que había llenado su vida de plenitud.

Ahora, sola, paseando por un largo camino, arrastrando los pies hacia la soledad de la playa, quiere olvidar.

Marcha con la mirada ausente, perdida en la memoria, con lágrimas fijas, saladas como las olas que bañan sus pies. Va corriendo sin alma, vacilando en si acercarse al mar y así, huir del mundo.

¿Qué hacer? ¿Cómo olvidar el tiempo en el que cada noche él la visitaba?

Ojos_sal1 Sigue leyendo