Mil estrellas

Trazó mil estrellas, brillantes, preciosas, para poder formar tu imagen. Al contemplarlas, divisó tus ojos  y sobre el eterno mar las fundió para crear tu cuerpo.

Te amó en silencio como la lluvia ama las flores; en silencio como la armonía ama a las notas musicales. En silencio…

Una mudez que a menudo era la balada de esa pasión furibunda que su alma siente por ti y, otras veces, fuga camino de la locura.

Eras la nota de laúd que surca el tiempo hasta colmar su mente de quimeras. Antes, si nadaba en el mar donde naciste, la luna le daba tu cuerpo y la brisa tu aliento.

Esos hermosos broches que eran tus ojos, verdes, albahaca, empujaron su pluma y le hicieron trazar la mejor de las historias; la más bella y hermosa.

Le dejaste amarte con locura y pasión. Le dejaste entrar sin vacilar en tu mundo apretando entre tus manos su vida, su alma y su mente, y mientras esa fusión se consumía, la luna se apagó y tú, ese ángel con el que la noche en vela abraza al poeta, se fue. Te fuiste.

Hoy tus alas forman un corazón roto, como el suyo cada vez que mira las estrellas y tú no apareces. Estrellas que ora no brillan como antes; estrellas que ora no se funden con el mar.

¡Ah, numen que ayer hablabas al poeta! ¿Dónde estás? Sigue leyendo

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Ejercicio Práctico: La sombra

Hoy, tras el periodo vacacional navideño, vuelvo a abrir las puertas de El jardín del sur y lo hago, además, con un relato muy especial. Se trata de uno que he encontrado estas navidades en casa de mis padres. Rebuscando y ordenando me he topado con un ejercicio práctico que hacíamos a veces en el instituto y que consistía en escribir un relato corto que incluyera una serie de palabras que el profesor te daba. En este caso las palabras eran: Pilar, pasear, agua, ruido, asustada, sonreír, flotar, de nuevo y armario.

A continuación os dejo el texto que resultó. He corregido algunos errores ortográficos y gramaticales, y sustituido algunas palabras repetidas, pero el resto y su esencia sigue igual. Espero que lo disfrutéis.

La sombra

De todas formas, pensó, qué puede haber dentro de un sencillo armario, y avanzó hacia él.

Mientras se dirigía  a abrirlo, volvió a escuchar el mismo ruido pero, esta vez, sonó mucho más fuerte. Pilar retrocedió asustada.

Desde muy pequeña había sido tímida e introvertida, y sobre todo muy cobarde y miedosa. Nunca se había atrevido a ir a oscuras por la casa, a mirar por encima del hombro por si alguien o algo la seguía, o a echar un rápido vistazo, por la noche, debajo de la cama. ¿Y si miraba y había algo?

Pilar dudó, pero a pesar de tener miedo, avanzó de nuevo hacia el armario. Lo hizo con paso tembloroso y siguió andando hasta llegar justo enfrente del mueble. Estiró el brazo y, con cierto temor, abrió sus enormes puertas.

Miró en su interior y no vio más que viejas mantas arrinconadas en una esquina del mueble. Nada más. No había allí nada que temer.

Satisfecha por haberse atrevido a hacerlo, Pilar sonrió. Ya no era una cobarde. Pero cuando se disponía a cerrar las puertas, una extraña sombra cobró vida dentro del armario. Sigue leyendo

El ángel negro (Segunda parte)

Con cautela, cuatro cartas fueron giradas desvelando el misterio que ocultaban. Una a una, fueron colocadas sobre un pequeño atril correspondiente al jugador y dictaron su sentencia.

Buena o mala. Justa o injusta. Allí estaba.

Carta roja: 35-40 años

Carta amarilla: pelirroja

Carta blanca: joya

Carta negra: india

La jugada no era la mejor; no era satisfactoria. El resultado no apuntaba optimismo. Difícil de localizar.

Al ángel negro le hubiera gustado gritar, lanzar los dados contra la pared o levantar el tablero de un manotazo, pero se contuvo. Guardó su malestar, su nerviosismo y su rabia, y lo escondió en lo más profundo de su ser. No podía mostrar debilidad frente al resto de jugadores. Además, se le había ocurrido una idea. Sigue leyendo

El ángel negro (Primera parte)

Los cuatro dados, dos azules, uno blanco y otro negro, con sus aristas redondeadas y tras un soplido irracional de pedida de suerte, como si el lugar fuera un casino, rebotaron con calma sobre el tablero. Giraron varias veces sobre sí mismos ante la expectación de los presentes, solo cinco personas pues no era un juego apto para débiles de corazón o de mente. No se permitía la duda o la vacilación. Tampoco el abandono.dados

Los dados rodaron hasta acabar, por fin, mostrando el destino a su lanzador. Los azules marcaron seis y dos. El blanco indicó uno y el negro, cuatro. Esos eran los números a avanzar por las tres diferentes y dispares líneas de casillas del tablero. Tres curvadas y tortuosas sierpes que se enredaban y enmarañaban entre ellas como serpientes en plena cópula.

La primera línea, añil, imprimía el tiempo. Cercano o lejano. Mucho o poco. Lapso temporal siempre con un principio y un final inexcusable y limitado. Se comenzaba ese día en el que los dados giraban, rebotaban y dictaban sentencia. Luego, el destino marcado por ellos revelaba cuándo se terminaba. Sigue leyendo

Relatos desde El jardín del sur

Relatos desde El jardín del surCuando acabó el verano y El jardín del sur volvió a abrir sus puertas, os comenté que estaba preparando una sorpresa. Bien, pues ya está lista.

Se trata de un pequeño libro de relatos sobre el amor, la amistad, el miedo o el terror. Historias de verdad, mentiras y dolor.

Algunos de ellos los conocéis, ya que forman parte de la sección de relatos del blog, y otros son exclusivos de esta obra recopilatoria pensada para los amantes de las letras.

La idea es que podáis disfrutar de los relatos ya conocidos y de los nuevos de una forma sencilla y cercana a través de un libro digital sin la necesidad de buscarlos en el blog y leerlos en una pantalla de ordenador, que siempre es más engorroso. Por eso, mi intención era que el libro hubiera salido de forma totalmente gratuita, pero no ha sido posible. Amazon, donde está publicado, no me lo permite por lo que he tenido que ponerle precio. Pero no os asustéis que he marcado el más bajo que la plataforma deja (0,99), pues mi intención no es “sacaros los cuartos”, sino que leáis, disfrutéis, soñéis y lo paséis bien.

Espero que os guste mucho.

Enlace al libro: AQUÍ

De regreso

Las vacaciones tocan a su fin y es hora de ponerse manos a la obra. ¿Tenéis ganas? ¿Os apetece? Yo os invito a acompañarme por los muchos y singulares senderos que tiene este nuestro jardín del sur.

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En esta nueva temporada podremos pasear entre libros, fotografías, letras y curiosidades. Hablaremos del registro de la propiedad intelectual, del olvido al que es sometida la historia literaria que albergan ciertas ciudades por el peso del turismo excesivo o de los fallos ortográficos repetidos que acaban siendo norma, entre otras muchas cosas. Sigue leyendo

La compradora de almas

—Buenas tardes. Me llamo Cristina Rojo y soy asesora de “Comparte tu Alma” —lo dijo de carrerilla. Llevaba muchos años repitiéndolo—. Llamaba por si pudiera estar interesada en la posible venta de su alma.

—Yo… —dudó su interlocutora—. El alma es algo muy serio y yo no quiero venderla.

—Lo comprendo. Sé que es difícil desprenderse del alma, pero quizá tiene algún sueño que cumplir.

Siempre había un sueño. Siempre.

—No necesito nada y no voy a vender mi alma —y de la misma, colgó.

Cristina suspiró y la tachó de la lista. Llevaba cinco rechazos esa tarde. Las almas ya no se vendían como antes. Los buenos tiempos se habían desvanecido. Tenía que completar un mínimo mensual o, de lo contrario, adiós al trabajo. Le faltaba una para cumplir el objetivo. Sólo una.

Dejo la lista y el teléfono, y salió de la oficina a fumar un cigarro.

Frente a la puerta principal, observó a sus compañeros a través del cristal. Todos parecían felices y contentos. Bromeaban y hacían firmar ventas de almas a personas que, de seguro, no lo necesitaban. ¿Vender el alma por un coche o unas vacaciones? ¿Era necesario cumplir esos deseos? ¿Cuánto, de verdad, vale el alma? Sigue leyendo

Nueva sección de relatos

Relatos Desde hace unos meses, en el blog también comparto con vosotros algunos relatos que voy escribiendo. Es otra forma de conocernos mejor.

De momento no son muchos pero, poco a poco, irán creciendo. Y por eso, para que no os perdáis ninguno y podáis acceder a ellos de una forma más rápida y sencilla, desde hoy habrá una nueva sección en El jardín del sur dedicada en exclusiva a esos relatos.

Y como soy tan original poniendo nombre a los distintos apartados del blog, he llamado a la sección Relatos. Lo dicho. Muy original por mi parte.

Espero que os guste y que se convierta en una de vuestras secciones favoritas.

Acceder a Relatos.

Mármara

Estos días se ha hablado mucho del clima y del destino de la tierra. De las consecuencias de nuestros actos y lo que podemos hacer para cambiar un proceso lento pero innegable que, poco a poco, va consumiendo nuestros recursos y agotando el planeta. Por eso, el siguiente relato está dedicado a los que luchan por cambiar las cosas y no se dan por vencidos.

torreEn un mundo abrigado por leyendas y fábulas, existía una montaña de tres picos en la cual se ocultaba un ente divino. En lo más alto de una vieja torre, en el segundo pico, vivía ELLA. Nadie jamás la había visto y no se sabía cómo eran sus manos, su cuerpo o su rostro. Pocos habían osado subir la montaña para visitarla y, de ellos, ninguno había regresado.

Hacía mucho tiempo que no salía de su torre y de ahí que cuentos y fábulas hablaran de ella e imaginaran su pasado, presente y futuro. No se conocía a ciencia cierta el motivo de su encierro, pero decían las malas lenguas que era por amor. Otros, alentados por los hombres que subían la montaña y nunca volvían, afirmaban que era por su belleza, tan grandiosa que ningún ser humano podía soportarla. Y los había, temerosos y pávidos, que pensaban que era un castigo por algún acto impuro que cometió en el pasado. ¡Qué equivocados estaban todos! Sigue leyendo

El contrato

Hoy, cercano el día de Halloween y de Difuntos, quiero compartir con vosotros un relato especial. Espero que os guste y que, tras leerlo, vuestra alma siga con vosotros.

Allá vamos.

contratoAhora que tengo próximo tu aliento, no sé si debo acercarme más. Quizá corresponda, pero mi condición me lo impide. No está bien que nos relacionemos.

¿Por qué? Tú lo sabes bien. No deberíamos ni hablar.

No juegues conmigo. No llores. No derrames ni una sola lágrima más, pues no conseguirás convencerme. Sólo enloquecerme.

Haces que mi conciencia, de la que carezco, aparente real cuando no lo es. ¿Acaso no ves que por mucho que supliques no está en mi naturaleza sentir compasión? Yo no sé qué es la compasión. Tampoco la misericordia. No me implores porque no te servirá de nada. Sigue leyendo