Últimamente hablo mucho sobre terror gótico porque dentro de este género es donde se engloba mi última novela, ‘La isla de las musas’, y me he dado cuenta, motivo principal de esta entrada, que al comentarlo, al hablar de este género, sois bastantes los que me preguntáis qué es y cómo identificarlo. Por eso, hoy voy a intentar explicarlo de forma sencilla.

La narrativa gótica es un género literario que nació a finales del siglo XVIII en Inglaterra y que está relacionado con el terror. Nació como reacción al Racionalismo. Esta variedad de relato de misterio, fantasía y terror quizá hoy no sea un género muy extendido, pero existe y se sigue escribiendo. Es mi caso, por ejemplo, disfruto mucho leyendo y escribiendo este tipo de literatura que combino con otros géneros y temáticas. Me encanta. Como digo, quizá hoy no esté muy extendido (aunque tiempo al tiempo. Tengo un pálpito al respecto y creo que en unos meses veremos más obras de este estilo), pero está muy presente en la literatura de terror moderna, ya que los antiguos modelos no han desaparecido y, de hecho, son los que forman el armazón de muchas historias de hoy, aunque no las englobemos dentro del terror gótico.

“La narrativa gótica es un género literario que nació a finales del siglo XVIII en Inglaterra y que está relacionado con el terror”.

El thriller gótico combina suspense con terror y, en ocasiones, también con ciertos elementos más fantásticos. Se desarrolla de forma primaria —a los escritores que nos gusta trabajar este género esta parte nos apasiona— en entornos oscuros, decandentes y ruinosos; ambientes y contextos que de forma irremisible asociamos precisamente a esa idea que todos tenemos de lo que es gótico, como pueden ser cementerios, páramos, bosques sombríos, criptas, castillos… También puede alimentarse de leyendas populares y de figuras de la tradición paranormal como brujas, fantasmas, vampiros…, mas no de todos y no necesariamente. Todo depende del tipo de historia que cada uno quiera escribir. Son, en general, historias que contienen elementos mágicos, fantasmales y de terror, y ponen en duda lo que es real y lo que no.

Antes os decía que la ambientación es muy importante y al margen de un decorado particular o representativo, esta ambientación tiene a su vez mucha relación con las emociones de los protagonistas de forma que varía en función de estas. Además, a la hora de hacer esas descripciones, que tienden a ser abundantes, se suelen dar muchos detalles que, si bien algunos pudieran parecer en principio superfluos, son muy importantes para dotar a la narración de un realismo diferente que envuelve al lector, lo hace partícipe de cada escena, le traslada a cada lugar, etc. Algo que una descripción más somera no conseguiría. Esta forma de narrar promueve una mayor calma en la lectura y una atmósfera más profunda. Hay otra peculiaridad en el género gótico (no exclusivo) que es la personificación o prosopopeya que consiste en la descripción de objetos inanimados de una forma en la que se le concede sentimientos, pensamientos y sensaciones humanas. Esto es algo que hago mucho. Me gusta atribuir a determinadas cosas inanimadas, cualidades propias de los seres animados.

“Una peculiaridad en el género gótico (no exclusivo) es la personificación o prosopopeya: descripción de objetos inanimados de una forma en la que se le concede sentimientos”.

Otras particulares del género son, por ejemplo, la aparición de elementos sobrenaturales como cadáveres o espectros, el uso del mundo de los sueños y las pesadillas, una escenografía llamativa, el uso de un marco temporal pasado para alejar (a sabiendas) al lector del presente, la siembra de la duda entre realidad e irrealidad, personajes sometidos a sus pasiones… Sobre los personajes, una curiosidad. Los estudiosos del género concluyen que gran parte de ellos  suelen tener nombres rimbombantes y en su mayoría extranjeros. Esto siempre me ha hecho mucha gracia porque cuando escribí ‘La isla de las musas’, cuando creé a los personajes, no les puse nombres extranjeros, pero debo reconocer que algunos sí son, quizá, un tanto rimbombantes.

“‘El castillo de Otranto’ (1764), de Horace Walpole, es considerada la obra que fundó el género”.

El castillo de Otranto’ (1764), de Horace Walpole, es considerada la obra que fundó el género y desde entonces hasta nuestros días han sido muchos los autores que lo han cultivado. En la siguiente lista encontraréis maestros del género y otros que alguna vez han escrito obras de este estilo: Ann Radcliffe, Matthew Gregory Lewis, Mary Shelley, John Polidori, Jane Austen (sí, tiene una novela gótica, ‘La abadía de Northanger’), Washington Irving; Charlotte Brönte, Emily Brönte, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Nathaniel Hawthorne, Gustavo Adolfo Bécquer, Sheridan LeFanu, Bram Stoker, Henry James, Shirley Jackson, Gaston Leroux, Robert Louis Stevenson y Anne Rice entre otros.

CINE

En el cine las características son básicamente las mismas y hay muchas películas que se consideran góticas. Las más representativas son: ‘El gabinete del doctor Caligari’ (1919), de Robert Wiene; Nosferatu, el vampiro’ (1921), de F.W. Murnau; ‘Drácula’ (1931), de Tod Browning; ‘Frankenstein’ (1931), de James Whale; ‘La torre de los siete jorobados’ (1944), de Edgar Neville; Drácula, de Bram Stoker’ (1992), de Francis Ford Coppola; ‘Frankenstein de Mary Shelley’ (1994), de Kenneth Branagh; ‘Sleepy Hollow’ (1999) de Tim Burton; ‘El fantasma de la ópera’ (2004), de Joel Schumacher y ‘La cumbre escarlata’ (2015), de Guillermo del Toro.

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