DÍA DE COLADA

Los tres amigos cruzaron presurosos la valla exterior del recinto. Tocaba limpieza y debían darse prisa si querían evitar las horribles esperas que siempre se formaban en el lavadero cercano al camposanto.

—¡Devuélvemela! —pidió uno de los tres. Era el más pequeño y el último en llegar al grupo.

—Ven a por ella —rio el mayor, el que más tiempo llevaba allí. Ese tipo de bromas le encantaban.

—Anda, dásela.

Quien puso paz fue el tercero de los amigos. No era la primera vez que el mayor hacía rabiar al pequeño en día de colada y le quitaba la sábana, lo que era una faena, la verdad. Máxime cuando se es, como ellos, un fantasma a merced del viento.

Copyright © 2020 Verónica García-Peña

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