“En el fiordo profundo” (Ruth Lillegraven)

Título: En el fiordo profundo
Autora: Ruth Lillegraven
Maeva (2019)

Cuando desde la editorial Maeva me propusieron ser una de las lectoras beta de En el fiordo profundo de la noruega Ruth Lillegraven, no lo dudé. Acepté encantada. Ya sabéis que me gustan los retos y aprender cosas nuevas. Además, en este caso, la novela de la que hablamos tiene el aliciente de ser la primera de una autora que, hasta la fecha, se había dedicado, principalmente, a la poesía. ¿Cómo no leerla? ¿Cómo no lanzarme a las aguas del fiordo de Lillegraven?

En el fiordo profundo conocemos a Clara y Haavard, que viven en uno de los barrios más elegantes de Oslo y tienen dos hijos gemelos. Haavard, que proviene de una familia de clase alta, es pediatra en un hospital de Oslo. Clara se crio en una pequeña localidad de la zona de los fiordos de la que se marchó para estudiar Derecho en la capital. Trabaja como asesora en el Ministerio de Justicia. Pero, en realidad, su matrimonio no es tan idílico como parece. Haavard tiene una aventura y Clara esconde un oscuro secreto sobre su pasado. Y cuando Haavard se convierte en el principal sospechoso de un asesinato todo se desmorona. ¿Cómo puede Clara salvar su carrera y a su familia sin revelar secretos que nadie debe saber?

Olvidaros de lo que estáis pensando porque el resumen quizá os lleve a creer que se trata de una de tantas novelas nórdicas, pero, ojo, que tiene su singularidad. A mí, he de decir, me ha sorprendido. Por un lado, por su estructura, que me ha resultado muy original, y también por quién es quién en esta historia. De esto último no os diré mucho. No os voy a estropear las posibles sorpresas que esconde, pero sí os señalaré que la trama, que parece sencilla o la típica de novela negra escandinava -pasado y presente que al final son uno-, no es ni tan sencilla ni tan plana. Además, hay en ella un componente de crítica social muy feroz sobre la infancia y el maltrato a niños que la aleja de esa posible llaneza. También sobre la inmigración, dejando salir que en los países más ricos y civilizados, al norte, también se vive, en muchos casos, un racismo e intransigencia que, a veces, solo vemos en lo países del sur de Europa, incluido el nuestro.

Respecto a la estructura, está narrada de forma íntegra en primera persona, lo que a priori no debería ser llamativo, pero lo es porque esa primera persona se corresponde con la mayoría de los personajes que aparecen en la novela, sean principales o secundarios. Es decir, cada capítulo, corto y rápido, está narrado por uno de los personajes. De esto modo, conocemos sus más íntimos pensamientos, secretos y lo que en cada momento hacen.

Es una estructura muy original, como os digo, pero también arriesgada porque puede provocar que el lector, sobre todo al comienzo de la novela, se sienta abrumado con tanta información de unos y otros. Luego, con el avance de la lectura, esa confusión inicial, incluso cierta anarquía en los acontecimientos, se disipa. ¿Es esta confusión algo buscado? No lo puedo asegurar a ciencia cierta, pero me inclino a pensar que sí. Y así lo juzgo por la psicología de la narración. De este modo, aunque la autora proporcione pistas, desde el comienzo, de hechos que han marcado o marcarán el devenir de los acontecimientos e incluso las vidas de los implicados, el lector, un tanto perdido, no los une como debe y eso hace que la sorpresa final, o las sorpresas, ya que hay varias, sean mayores.

Esta forma de narrar, por otro lado, también nos acerca a los personajes, y les da mayor hondura, con lo que es más fácil sentir simpatía o una profunda antipatía por ellos. Yo reconozco que hay algunos a los que no soporto, pero no os voy a decir cuáles para no contaminaros. Hay otros, en cambio, por los que siento incluso lástima.

Un aspecto que, al margen de las estructuras, por las que ya sabéis que sufro debilidad, me ha llamado la atención, es el tipo de lenguaje. Imaginaba que al ser la autora poeta, iba a estar repleto de lirismo, pero no ha sido así. No al menos de forma general. Puede haber algún pasaje más lírico, pero, de ordinario, Lillegraven emplea un lenguaje bastante directo, limpio y conciso. Sin florituras.

En el fiordo profundo resulta, en definitiva, un libro entretenido, con una gran carga de denuncia social, fácil de leer y me atrevería a decir que osado en cuanto a estructura y forma. Un apuesta fuerte por parte de Lillegraven. Estaremos atentos a sus siguientes novelas.

 

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