La 32 edición de la Semana Negra de Gijón ha llegado a su fin y ha batido récords de visitantes y de venta de libros. También de autores, pues es la edición en la que más escritores han participado (142) y, durante su celebración, allí he estado yo para hoy contaros en el blog, a mi manera, cómo la he vivido.

Empezaré explicando, para los que desconozcáis cómo es esta muestra, que no se trata de una feria literaria al uso. Hay casetas con librerías y algunas editoriales, pero lo que más abunda son los tenderetes de libros de segunda mano, puestos de mercadillo (entiéndase ropa, joyas, juguetes, bolsos, souvenirs, etc.), quioscos de bebida y comida, y atracciones o, como las llamamos algunos, barracas. También hay tres carpas de más tamaño que es donde se hacen los encuentros y presentaciones literarias y las firmas de libros. Todo ello al lado del mar.

Hay quien acude a la Semana Negra por los autores y quien lo hace para estar de fiesta. Todo cabe en esta semana cultural y se mezcla. Hay quien va a lucir palmito, beber y comer, y los hay que acuden a comprar libros y conocer a escritores. Hay quien asiste en familia o solos. Es una combinación, digamos, curiosa. Sobre si es adecuada o no (tanto en tipo de gente, ubicación, horarios, etc.), no voy a entrar. No es este lugar para debatir esos asuntos. Sí os diré que a mí me gusta mucho y la disfruto al máximo.

Ha habido, como otros años, autores para todos los gustos y que no solo han traído a la muestra novela negra, puesto que por ella ha pasado histórica, comics, libros didácticos, de humor, de no ficción, etc. Es difícil, mucho, elegir entre tanto potencial, pero lo voy a intentar. Me voy a mojar y elijo Los tiempos del odio de Rosa Montero (adoro a esta mujer y con ella y su Lágrimas en al lluvia inauguré la fantástica sección de reseñas ¿Qué leer? hace ya seis años) y El frío de la muerte de John Connolly. En este acaso no es tanto por el libro, que aún no he leído, como por su trayectoria, simpatía y generosidad. A todos los que acudimos a verle y le pedimos una firma, fuera el libro comprado allí o no, antiguo o actual, etc. nos hizo una regalo: una bolsa muy chula o un CD de música. Porque sí. Porque le dio la gana.

Que conste que mi elección no quita mérito a ninguno de los otros participantes. De eso nada. Me gustó mucho conocer a Johana Gustawsson, cuya novela Block 46 tiene muy buena pinta. En cuanto acabe la que tengo entre manos (Los ecos del pantano de Elly Griffiths), me pongo con ella. También disfruté con Marta Flich (a la que me encantó conocer. Soy muy fan), Steve Cavanagh, Joseph Knox o Ignacio Martínez de Pisón, entre otros.

De todo ellos, destaco sus ganas al presentar sus libros porque es curioso cómo cambian las historias cuando es el autor quien las cuenta. ¿Os habéis fijado? Puedes detectar todo un universo dentro de cada decisión, frase o historia de esa novela de la que te están hablando. Es cierto que el embeleso se pierde un poco si te dedicas a escribir, pues ya presumes la existencia de ese cosmos, pero sigue siendo mágico, al menos a mí así me lo parece. Ver en los ojos de cada uno de los escritores, que desde las distintas carpas defiende y muestra su obra, esa especie de luz, de brillo en la mirada. Es, como os digo, mágico. La próxima vez que podáis ver y escuchar a un escritor de cerca, fijaos en sus ojos. Fijaos, de verdad, y os sorprenderéis.

Otra mención especial merece Anthony Horowitz. Qué gran escritor y qué mente la suya. Es un hombre fascinante y muy, muy brillante. Me hubiera quedado durante horas escuchándole. Cada palabra, cada gesto. Fascinante. Su novela, Asesinato es la palabra, es un libro curiosísimo donde el propio autor sale como personaje, con su nombre y apellidos, su profesión y su vida. Tal cual. Una novela muy interesante y arriesgada que promete ser una saga. Ya os hablaré de ella cuando la lea. Prometido.

Ya veis que, esta vez, a diferencia de otras ocasiones en las que La otra crónica tira de humor y anécdotas (que las ha habido), he sido más, no sé, sosa, porque lo que deseaba era hablaros de lo que en verdad importa en la Semana Negra de Gijón, que son los autores y sus libros, y cómo la he vivido, con emoción y entusiasmo. Sé que no he dicho nada de muchos otros escritores, pero que nadie se enfade porque este es un blog infinito y ya llegará su momento. Lo que sí hago es animaros, por supuesto, a investigarlos y leerlos.

Antes de concluir esta especial crónica, quiero pedir, desde mi humilde tribuna, más espacio para los autopublicados (incluidos los de Amazon) que, a nuestra manera, participamos en el mundo del libro, lo amamos y disfrutamos, aunque no sea de una forma convencional. La Semana Negra, este año, ha tenido un espacio para este mundo (un debate sobre la autopublicación en España con autores autopublicados), pero ¿qué tal una carpa pequeña para la presentación de libros de autopublicados? ¿O quizá una hora cada día para un autor autopublicado en una de las carpas ya existentes? Por pedir (aquí mi sonrisa sincera). Todos entramos.

En fin, lo dicho. Una semana cultural estupenda donde he disfrutado muchísimo y que, si todavía no la conocéis, os animo a visitar en próximas ediciones.

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