Del 13 al 16 de junio se ha celebrado en Gijón la Feria del libro que ha congregado a unas 24 editoriales y a otras tantas librerías. Han pasado por ella más de 90 autores dando especial voz a los escritores de la tierra sin olvidar la asistencia de figuras de renombre que han dejado su impronta en una feria que quiere consolidarse como referente del libro en el Norte. Y hasta aquí, mi entradilla típica de reportaje periodístico. A partir de esta línea, os hablaré de la feria a mi manera.  

Mientras había quien utilizaba este evento, gracias al buen tiempo, como una pasarela de moda y lucía palmito entre caseta y caseta, contemplando los libros con cierto recelo, como si fueran objetos de otro mundo, otros se afanaban en no sacar a pasear tan a menudo la cartera porque entre las novedades y los bestsellers, uno podía encontrar obras literarias únicas. Y una mención especial a este respecto logra la editorial Uve Books. No hacen libros, hacen joyas. Hacen obras diferentes y atrevidas. Allí encontré un maravilloso ejemplar de Cuentos góticos de Emilia Pardo Bazán. Os sorprende, ¿verdad? ¿Cuántos conocíamos esa faceta de la autora? Yo, perdonad mi ignorancia, no tenía ni idea.

Compré ese libro, pero me hubiera llevado la estantería completa. Y es que, decidme, ¿cómo resistirse a Pesadillas terroríficas, vampirismo y metafísica de Rubén Darío? Y podía, en realidad, mencionaros aquí muchos de sus títulos porque cada uno de ellos tenía algo especial que, a mí, al menos, me atrajo como un imán. Creo que fue la editorial que más me llamó la atención y que más me sorprendió. No la perderé de vista.

Y en ese deambular entre gente guapa y niños hiperactivos perseguidos por El capitán Calzoncillos, que por la feria iba acompañado de una ardilla gigante, de nombre Rasi, uno también se topaba con quien traía de casa todos, y cuando digo todos es todos, los libros que tuvieran de un autor. Así, durante la firma de ejemplares de Jesús Ferrero o Ray Loriga, la paciencia fue la mejor aliada.  Y sobre estos dos autores, tan diferentes en fondo y forma, debo decir que me agradó mucho el primero y me sorprendió el segundo.

Jesús Ferrero es un genio de las palabras y hace música con sus historias. Conocerle fue un placer. Ray Loriga llegó cantando, con una cerveza en la mano y se fue de igual modo. Eso sí, tras firmar ejemplares mientras hablaba de una vaca que cuando él era niño compró un hermano de su padre, al que llamaban el tío hippie, en Oviedo, y oler el pelo, quizá confundiendo persona con personaje, de algunas de las chicas que acudieron a la presentación.

Otro que me sorprendió, pero no por sus extravagancias, sino por su sinceridad y honradez, fue Víctor del Árbol. Aseguró que Antes de los años terribles es el libro de su vida y que no sabe si será capaz de escribir en el futuro nada igual. Esa novela es para él, “su novela”. Es atrevido decir algo así porque se está poniendo en la diana para que algunos críticos y lectores un tanto peculiares, de esos que están todo el día con “mal” en la boca, no te juzguen como mereces llegado el momento. Fue valiente.

Hubo, como veis, muchas presentaciones: divertidas, solemnes, multitudinarias o, llamémoslas, familiares. Y todas ellas, a su manera, fueron mágicas. ¿Sabéis por qué digo esto? Porque cuando un autor habla de sus libros y uno advierte en su mirada esa magia, esa ilusión, de quien ama lo que explica y lo que hace, la magia envuelve a los asistentes. Además, permitidme aquí deciros que las palabras son magia y no hay escritores sin palabras.

En cuanto a presentaciones populares, la de Nieves Concostrina y su Pretérito Imperfecto se salió del mapa. Recibía el Premio al Fomento de la lectura y en la carpa no entraba un alfiler. Hubo incluso conato de enfado por parte de algunas señoras que acudieron a verla y no pudieron sentarse. Pedían, a unos y otros, con el ceño fruncido, que les cedieran su sitio. Todos ellos, claro está, de tercera fila en adelante. No lo consiguieron, pero tampoco se armó la de San Quintín, expresión que nos queda de una batalla que en tal lugar (Francia) se celebró durante  el reinado de Felipe II y que da título a la última novela que José Javier Esparza presentóY Fulgencio Argüelles y su reedición de Los clamores de la tierra tampoco se quedó atrás en cuanto a público, y también llenó.

Antes de concluir esta especial crónica de la Feria del Libro de Xixón (FeLiX19) quiero, desde mi tribuna, pedir que para próximas ocasiones se incluya una caseta para los herejes. Me explico. Vanessa Montfort durante la presentación de su última obra El sueño de la crisálida, habló de los herejes que son (olvidemos todo lo referente a lo cristiano) soñadores. Aquellos que no se conforman con “es que esto siempre se ha hecho así”, los que se salen de lo convencional o lo establecido e intentan hacer cosas nuevas. Y yo, llevando eso a mí terreno, a mi papel como escritora independiente, pido una caseta para aquellos herejes que nos dedicamos a soñar y no publicamos de forma convencional, pero que participamos de igual forma en el mundo del libro. Que lo amamos y disfrutamos y que no nos rendimos cuando el mercado, demasiado ocupado, en ocasiones, en mirarse a sí mismo y solo a sí mismo, decide dejarnos fuera.

Y eso es todo por mi parte en lo que a la feria se refiere. No os he hablado de todos los autores que participaron, pero os animo a investigarlos y, por supuesto, leerlos. El año que viene, más.

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