Y si…

Así. Tal cual. Con esa pequeña introducción pueden nacer grandes ideas.

Muchas veces, cuando me preguntan de dónde surgen las mías, suelo responder que de un “y si…” porque no hay mayor fuente de inspiración que la curiosidad. Por ejemplo, vas por la calle, ves una mujer que pasea sola. Parece triste. La miras, la observas y, como una chispa, a tu mente acude una idea. Pequeña en principio. Solo una idea, pero que no deja de rebotar en tu cabeza. Pasan los días e incluso las semanas y, al final, esa pequeña luminosidad es el germen de una gran historia que contar.

A mí, esas chispas me suelen llegar de noche. Se ve que es cuando mis musas están más despiertas o más activas. Una de mis últimas ideas se presentó así. Venga a dar vueltas y más vueltas en la cama y, al pensar en cierta excursión que había hecho hacía poco, en mi cabeza surgió un “y si…”. Ahora ahí estoy. Dando forma a ese “y si…” y todo lo que conlleva.

En otra ocasión, cuando escribí La isla de las musas (de la que espero que podáis disfrutar antes de fin de año), la inspiración también apareció de noche, pero no cuando estaba despierta. No. El “y si…” apareció en un sueño. De esos intensos; de los que no se olvidan. Es curioso este asunto porque soñé prácticamente el primer capítulo completo de la novela. Fue mágico. Maravilloso.

No es la primera vez que me ocurre esto de soñar una idea que luego se convierte en una historia que contar, pero sí fue la primera vez en la que el sueño era tan vívido que casi me sentía uno de los personajes protagonistas. Podía, os lo juro, sentir la incertidumbre de unos y el miedo de otros. Podía oler el mar y oír a las gaviotas graznando a mi alrededor. Al despertar,  sabía incluso cómo era el tacto de los trajes o el olor que desprendían. Una experiencia mágica que espero que se repita.

Así, ya veis, de los sueños o el insomnio, o de la más simple y elemental observación de la vida, tan rica en matices y llena de por sí de grandes historias, nacen los “y si…” que te pueden llevar, si prestas atención, a escribir historias magníficas. Son el origen de la pluma y el nacimiento de las ideas, tus ideas.  

 

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