Mil estrellas

Trazó mil estrellas, brillantes, preciosas, para poder formar tu imagen. Al contemplarlas, divisó tus ojos  y sobre el eterno mar las fundió para crear tu cuerpo.

Te amó en silencio como la lluvia ama las flores; en silencio como la armonía ama a las notas musicales. En silencio…

Una mudez que a menudo era la balada de esa pasión furibunda que su alma siente por ti y, otras veces, fuga camino de la locura.

Eras la nota de laúd que surca el tiempo hasta colmar su mente de quimeras. Antes, si nadaba en el mar donde naciste, la luna le daba tu cuerpo y la brisa tu aliento.

Esos hermosos broches que eran tus ojos, verdes, albahaca, empujaron su pluma y le hicieron trazar la mejor de las historias; la más bella y hermosa.

Le dejaste amarte con locura y pasión. Le dejaste entrar sin vacilar en tu mundo apretando entre tus manos su vida, su alma y su mente, y mientras esa fusión se consumía, la luna se apagó y tú, ese ángel con el que la noche en vela abraza al poeta, se fue. Te fuiste.

Hoy tus alas forman un corazón roto, como el suyo cada vez que mira las estrellas y tú no apareces. Estrellas que ora no brillan como antes; estrellas que ora no se funden con el mar.

¡Ah, numen que ayer hablabas al poeta! ¿Dónde estás?

¡No le proveas de miel si luego no le la vas a dar más!

Ese ángel marchó, voló hacia la gloria y no le dejó ni un nimio rayo de luna. El placer de su amor despareció abandonándole solo en la noche desnuda y ausente. Pobre alma ingenua que se quedó vacía.

Loco le han llamado por tu ausencia. ¡Loco! Pero es tan cruel tu recuerdo que a cada crepúsculo, al albor de una mísera vela que no da calor ni consuelo, piensa que vas a volver a abrazarle y luego nunca apareces.

¡Ah, deidad que un día le amaste! ¿Dónde estás?

Tal vez te preguntes cómo yo, inútil humano, puedo saber el sentimiento de un fracasado poeta. ¿Cómo percibir tal sentir?

Porque ese hombre que un día amó a un genio, a una nota de laúd; ese poeta sin aura que vaga solitario por los senderos del alma, trovador ingenuo de odas y cantares, ese inútil humano, soy yo.

Copyright © 2018 Texto: Verónica García-Peña

 

 

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