Título: Escuela de sangre
Autor: Max Rhode /Sebastián Fitzek
Ediciones B (2017)

Os habréis fijado que junto al título del libro, tanto en el enunciado de la reseña como en la ficha, aparecen dos nombres: Max Rhode y Sebastián Fitzek. Bien. No se trata de que sea una novela escrita por dos autores diferentes sino que Max Rhode es el seudónimo que el escritor alemán Sebastián Fitzek utilizó para publicar esta obra. Un alias, además, muy particular porque Max Rhode es el protagonista de El proyecto Joshua, una novela de suspense escrita por Fitzek en el año 2016 en la que ya se menciona La escuela de sangre. Un libro dentro de otro libro y personajes que se cruzan. Misterioso, ¿verdad?

Debo aclararos que ambos libros, El proyecto Joshua y Escuela de sangre, son autónomos y pueden ser leídos en cualquier orden. De hecho yo no he leído aún El proyecto Joshua, pero lo haré porque me ha gustado mucho la forma de escribir de Fitzek y cómo desarrolla la historia, terrorífica en este caso, haciendo que no puedas parar de leer. Y no es un decir. Es literal.

En Escuela de sangre Fitzek nos presenta a Simón y Mark, dos niños que son incapaces de imaginar algo más horroroso que tener que trasladarse de Berlín, la gran ciudad, al páramo de Brandeburgo. Lo único que los adolescentes esperan, con enorme expectación, son seis semanas de vacaciones de verano, pero su padre les juega una mala pasada. Los ha inscrito en una escuela muy especial, situada en medio de una isla boscosa y solitaria. En ella se enseñan las mismas asignaturas que en el infierno.

No voy a entrar en muchos detalles sobre la historia porque lo que os pueda decir sobre qué les pasa a los personajes o qué ocurre en esa particular escuela podría ser un destripe y ya sabéis que eso no me gusta. Prefiero que lo averigüéis por vosotros mismos. Sin embargo sí os diré que se trata de una historia angustiosa, de miedo, en la que el lector pondrá a prueba sus nervios, su estómago, en algunos casos, y vivirá muchas y muy diversas emociones.

Escuela de sangre es lo primero que leo de Fitzek —aunque no será lo último, os lo aseguro—, y su prosa, calmada, demasiado si tenemos en cuenta de qué va la historia, me ha resultado inquietante. La constante incertidumbre que inunda los pensamientos de los personajes, junto con esa manera de escribir en la que no parece haber prisa por llegar, aunque llegaremos igual al destino marcado, vaya sí llegaremos, no os quepa duda, crean en el lector un gran desasosiego y a la vez una ganas terribles de seguir leyendo. Como si nos gustase sufrir con una historia escalofriante que te atrapa por completo desde el comienzo.

La trama, que puede resultar inconcebible en principio, se torna una locura según vas pasando páginas para llegar a un final tremendo, y más escalofriante que la historia en sí, que te deja en estado de shock. ¿Por qué? No os lo puedo decir, pero es un final de esos que no se olvidan fácilmente y al que le das muchas vueltas. Muchas. Un gran final.

Por todo lo dicho, si no sois miedicas (desde el respeto), os recomiendo que os deis una vuelta por la fantástica Escuela de sangre de Fitzek para disfrutar del terror y el escalofrío. ¿Os atrevéis?

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