(Entrada para leer con sentido del humor)

Hace ya un tiempo os enumeré una serie de frases que sería conveniente evitar cuando se habla con un escritor porque pueden resultar un tanto irritantes, molestas e incluso en algunos casos, según cómo se digan y en qué contexto, irrespetuosas. En aquella ocasión me centré en las que más afectan a noveles, pero hoy os traigo unas que sirven para cualquier tipo de escritor, sea un literato muy famoso o uno que acaba de empezar.

Vamos allá.

  • Esta te la suele decir un conocido o familiar cuando tu nombre empieza a sonar un poquito. “Ahora que eres escritor de verdad, creo que podrías escribir sobre mi vida que da para más de una novela”.

Previo a decir qué pienso ante semejante proposición, aclararé que el familiar o conocido en cuestión suele ser alguien que se pasa la vida quejándose de todos los problemas que asolan su existencia, tan infinitos como imaginarios, y de lo mucho que tiene que luchar contra los elementos, sean estos cuales fueran pues nunca los explica, para mantener su posición en el trabajo, en casa, en el bar, etc.

Y yo pienso: Sí, claro. Mañana mismo me pongo con ello porque tu vida es igualita que la de Churchill. Pero igualita, igualita. Estáis los dos ahí, ahí en repercusión histórica. Mañana, de verdad, comienzo con esa biografía que titularé “La vida imaginaria de mi primo el de Cuenca”. (Aclaro que no tengo familia en Cuenca. Es solo un decir).

  • Yo, que no soy muy dada a eso de seguir las reglas que más venden en esto de la literatura y me gustan los finales sorprendentes, sean felices o infelices, aborrezco profundamente esta frase. De verdad que me resulta odiosa. El dicho sería algo así como “…pero no te olvides del incluir un final feliz que a la gente le gustan los finales felices”.

Ya. Claro. Un final feliz es fundamental porque está demostrado que asegura el éxito en cualquier novela. Mira “Hamlet” que no gusta a nadie ni nada de nada. O “La ladrona de libros” donde el agridulce sabor de su final no tiene nada que ver, cómo lo iba a tener, con su éxito. Son causalidades.

En fin, qué sería de la literatura si todos pensáramos de esta forma. Desaparecerían tantos maravillosos libros… De hecho, creo que entonces Shakespeare, por ejemplo, nunca hubiera podido escribir nada.

  • Otra de las frases más odiosas que cualquier escritor puede oír es la siguiente: “…tienes que meter mucho sexo, que eso siempre vende”.

Pero qué pasa con lo del sexo. ¿Es que acaso os pensáis que todos somos como  E. L. James?  ¿Es el sexo tan importante en vuestras vidas? Sí es así, quizá os lo deberíais hacer mirar sobre todo teniendo en cuenta que los escritores no siempre escribimos para gente adulta… Además, no en todas las novelas el sexo es capital.

Y antes de ir con otra maravillosa frase de estas que tan felices nos hacen a los escritores, os comento un pequeño detalle a tener en cuenta sobre lo ya dicho. No sé si os habéis fijado pero tanto en este tipo de recomendación como en la anterior, se nos dan indicaciones para vender mucho, muchísimo. ¡Ahí le han dado! Y es que por todos es sabido que los escritores solo nos dedicamos a esta fructífera profesión para ser ricos porque las letras dan mucho dinero, ¿verdad? La riqueza milmillonaria nos llama como a las urracas lo brillante. Esa es nuestra razón de ser y por eso, que también lo sabe todo el mundo, sobre todo Hacienda, estamos forradísimos. Nos sale el dinero por las orejas. Tenemos tanto que no sabemos qué hacer con él. Yo estoy dudando ahora mismo entre comprarme un yate o quizá dos para que mis invitados tengan más espacio y no ir demasiado apretujados a las Bermudas. No sé. No sé qué hacer. Es un sin vivir. Como lo de elegir el color de los grifos de casa. Oro rosa u oro de color oro. Qué dilema.

 

  • Esta es una de las frases más genuinas del mundo literario entre escritor y, normalmente, familiar, amigo o conocido. Es tan auténtica que cuando te la dicen no sabes si reír, llorar o suicidarte. Dice: “Tu libro es tan bueno, que no parece que lo hayas escrito tú”.

¡Vaya! Gracias. Estoy encantada con tu comentario y la confianza ciega que demuestras en mí. Qué sería de mi vida sin gente como tú, tan maja. En verdad, cuando la oyes, lo que te dan ganas es de coger un hacha y recrear una escena de “El resplandor” o, quizá, coger una bolsa de plástico del chino y mientras sonríes enseñándole todos los dientes, ahogarle sin compasión hasta que los ojos le hagan plof…

En fin… Así es la vida. Qué le vamos a hacer. Yo, cuando escucho cualquiera de estas frases u otras parecidas, simplemente sonrío y pienso que pronto llegará un apocalipsis espantoso que me librará de todas estas frasecillas tan majas que de vez en cuando tengo la fortuna de escuchar.

 

Frases que nunca debes decir a un escritor (novato)

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