El reseñador delirante

Las reseñas literarias, en los últimos años, han sufrido una especie de mutación hacia la crítica destructiva sin compasión. Cada vez son más los que se animan con este género y reseñan libros para que otros puedan decidir si leer o no una novela, pero los hay que se olvidan del carácter didáctico, práctico y constructivo del género. Se han convertido en reseñadores delirantes en los que su persona, su prosa, su idea, su, su, su, es lo más importante y no el libro que han leído. La obra reseñada es secundaria. Un accesorio que les sirve como excusa para hablar en realidad, de sí mismos.uno-mismo

Hacer reseñas, aun a riesgo de parecer una “buenista”, desde mi punto de vista debería ser un ejercicio noble de consejo y análisis y no un lugar donde uno aprovecha para sacar fuera todo el rencor que tiene acumulado sobre este o aquel escritor o sobre una editorial en concreto. Últimamente he leído reseñas que me han dejado helada en las que lo importante no era el argumento del libro, sus personajes, la trama o la estructura. Eso quedaba relegado a la suelta incontrolada de ataques demoledores a cualquier cosa (portada, título, vida del autor, tipo de publicación, etc.), insultos soeces y llamativos descalificativos al literato y su obra.

Si una novela no te gusta, no hay ningún problema en que lo digas, lo compartas y lo argumentes. Para gustos los colores, pero no es de recibo ese afán de trol en el que puedes decir lo que te dé la gana, sin ningún tipo de control, escudándote en la libertad de expresión y destruyendo, al final, todo lo que tocas, incluidos los libros. La libertad de expresión no es una chica para todo a la que recurrir cada vez que uno quiera escupir insultos, descalificativos, impertinencias u ordinarieces.

Un ejemplo muy gráfico de esta especie de epidemia se puede ver en algunas supuestas reseñas, yo las llamaría mejor simples comentarios, de la última novela de Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus. Cierto que el escritor tiene una prosa complicada, muy lírica e incluso se la podría calificar, algunos así los hacen, de ampulosa, pero de ahí a decir que es un junta letras que además las junta mal o un charlatán que no sabe escribir, va mucho. Sobre el tipo de lenguaje que se critica útilmente, ya hablaremos otro día porque tengo la sensación de que se ha llegado a un punto en el que si una novela no se lee en dos tardes, a  toda mecha y su lenguaje no es plano, sencillo y muy llano, se la considera algo a mantener alejado.  En fin.crzafon

Volviendo a Ruiz Zafón, he llegado a leer comentarios que afirman con vehemencia, porque además quienes realizan estas críticas siempre dan su opinión con vehemencia, se ve que están en poder de la verdad absoluta, que alguien con unas gafas como las suyas (tipo Quevedo) no puede escribir nada decente. ¿De verdad? ¿Ese es el argumento por el que no recomiendas un libro?

Y cuando es alguien como Ruiz Zafón quien sufre este tipo de críticas, seguramente no van más allá de la simple anécdota. No creo que vaya a tener menos lectores por ellas, pero si la crítica destructiva está hecha sobre la novela de un escritor novel o de un autopublicado, entonces la cosa cambia porque esos juicios sí pueden hacer daño e incluso herir de muerte una obra. Lo curioso del asunto es que si os fijáis, cuanta menos implicación de una editorial existe en la publicación de una obra, más destructiva puede llegar a ser la reseña. Me explico.

Los reseñadores delirantes creen que una obra autopublicada es, por definición, de menor calidad que la que saca una editorial. Creen que si un autor no ha publicado con una editorial es porque su literatura no es lo suficientemente buena. Un error, claro está. Los que nos dedicamos a esto de escribir y conocemos el mundillo de las letras, sabemos que no es así. La suerte, los amigos y padrinos, y  muchas otras circunstancias al margen de la calidad de una obra, influyen y mucho a la hora de encontrar editorial. Algunos reseñadores o no lo saben o lo olvidan, y sacan a pasear, sin complejos, su mala baba cada vez que en sus manos cae un escritor autopublicado. De hecho, estoy segura de que, desde el principio, leen la novela no por el disfrute de la lectura, sino para buscar los fallos y errores que pueda tener. Ahora se lee con rotulador y cuaderno de apuntes, para que ningún error pase por alto. Lo de disfrutar de la historia es algo del pasado.r-rojo

Lo triste del asunto, a mí me parece triste, es que este tipo de reseñadores delirantes que saben de todo y lo hacen todo tan bien, con sus críticas destructivas y llenas de veneno, no hacen ningún favor a la literatura. Ayudan, en realidad, a que la literatura se vea como un producto de consumo que no aporta nada a quien lo utiliza. Adiós al aprender, divertirse, soñar y crecer con los libros.

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3 pensamientos en “El reseñador delirante

  1. No te falta razón en lo que dices. Aún así creo que las críticas negativas también son necesarias porque tampoco se puede pecar de “buenismo”. En una de las últimas reseñas que publicaba yo en mi blog sobre el último libro de Pérez-Reverte, Falcó, lo dejaba muy claro si no te gusta el autor no te va a gustar el libro y si te gusta pues te va a gustar mucho, muchas veces creo que nos “enfrentamos” a los libros con unas ideas preconcebidas, en otras se busca directamente el provocar o el ir de “guay”, pero no estaría mal que intentáramos los que no lo hemos hecho publicar un libro y ver qué nos decían los demás…

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    • Estoy de acuerdo contigo. Yo sé, lo admito, que peco de “buenista”, pero lo prefiero a ir de descuartizador. Creo que es porque yo escribo y sé lo mal que saben determinadas críticas o comentarios, aunque las acepto siempre que no sean destructivas. Ahí es donde veo yo el problema. Las criticas negativas son buenas y sirven para aprender y mejorar, pero no sirven cuando se hacen bajo la única premisa de criticar por criticar, sin argumentos ni formas, pero eso sí, como bien dices, quedando de “guay”. En fin.

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