Publicidad e idiomas

De un tiempo a esta parte, son muchos los anuncios de todo tipo que optan, cada vez más, por vender sus productos en idiomas extranjeros. Y no seré yo la que diga que aprenderlos esté mal, por supuesto que no, pero empieza a ser una costumbre que a mí, personalmente, me da un poco de no sé qué. Nuestro lenguaje, el castellano, es muy amplio y bonito. ¿Por qué no utilizarlo? ¿Por qué sustituirlo por otro ajeno?

Perfumes, coches, ropa, cosmética… Cada vez hay más empresas o multinacionales que prefieren hablarnos en inglés o francés, con voz sugerente, sobre todo en la parte final del anuncio. Escuchamos sin inmutarnos, ya nos hemos acostumbrado, pour homme, for woman, just do it, the power of dreams, simply clever, etc. Y además, lo curioso es que lo oímos y sabemos de qué nos hablan. Han conseguido su objetivo. Conocemos si es ésta o aquella marca; si es colonia o maquillaje; si es ropa o joyas. Y lo sabemos y lo compramos. Pero yo me cuestiono si las ventas de esos productos están realmente asociadas al idioma. No me lo termino de creer.

¿De verdad compramos más o menos si nos lo dicen en francés o en inglés en lugar de usar el castellano? ¿Nos parece más atractivo un producto por el idioma?

Si la respuesta es sí, creo que tenemos un problema porque significaría que relegamos, menospreciamos y arrinconamos nuestro idioma, nuestra lengua, por considerarla ¿qué? ¿Menos bonita y atrayente? ¿Menos eficaz? Es cierto, no lo voy a negar, que fonéticamente hay idiomas que suenan mejor que otros, pero el nuestro, el castellano, no es uno de los que suenan mal por lo que, ¿por qué dejamos que sean las marcas las que nos digan en qué idioma debemos hablar o, peor, pensar? Somos hispanohablantes, así que… No lo entiendo. ¿Acaso en Francia se hacen anuncios es castellano? Lo dudo. ¿Y en Inglaterra o Alemania? ¿Creéis que los alemanes escuchan anuncios en español?

A veces pienso que nos seguimos dejando llevar por aquella idea producto de otro tiempo en la que todo lo de fuera era mejor que lo propio. Basta ya de esa manida cantinela. No es cierto. No lo es. El francés en bonito, sí, pero el español también. El inglés es importante, sí, pero el español también. Y decir “para el hombreo “la fuerza de los sueños”, no me parece a mí que quede tan mal. Vamos, digo yo. Es sólo una opinión, pero ¿queda mal? ¿suena mal?

Tenemos una lengua rica, bonita, hermosa, llena de palabras bellas que suenan bien y que también sirven, de verdad lo creo, para vender lo que sea. ¿Acaso vamos a la tienda, concesionario o perfumería y pedimos, por ejemplo, una colonia for woman? No, no lo hacemos. No, al menos, por el momento, aunque me temo que, si las cosas siguen así, es sólo cuestión de tiempo. Total, ahora somos runners, singles, hipsters, CEO, nos hacemos selfies, tomamos un brunch y vamos de shopping. En fin… Puede que para algunos sea moderno, pero a mí, en verdad, sólo me produce pena. Tengo la triste sensación de que muchos de los que utilizan estos términos desconocen realmente su significado y que también desconocen, además, su propia lengua.

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6 pensamientos en “Publicidad e idiomas

  1. Comprendo y comparto tu indignación, Verónica. Sin embargo, creo comprender por qué se extiende el uso de la publicidad en otros idiomas y por qué nosotros lo promovemos aún más. En mi opinión, son dos situaciones con orígenes distintos.

    En cuanto a la publicidad, el idioma va asociado con el país de origen del producto que se ofrece, ya que la audiencia lo suele reconocer como el mejor fabricante del mismo: Alemania fabrica mejores coches y electrodomésticos; Francia, mejores perfumes; Estados Unidos, mejor tecnología… Y esa creencia, muy profunda y, por tanto, ligada a nuestras emociones, consigue que sea más probable que se desencadene el impulso comprador; es decir, que sí vende más cuando se publicita algo y se utiliza como gancho el idioma adecuado.

    Respecto al uso no publicitario de extranjerismos por todos nosotros en nuestra vida diaria, yo creo que se da o por simple pobreza lingüística o, peor aún, por esnobismo; en ambos casos, es el tiempo el que suele poner orden: desplazando a unos snobs por otros, e incorporando palabras nuevas en las sucesivas ediciones del diccionario de la RAE, para los primeros.

    Gracias por tu artículo, Verónica.

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    • Hola Javier:
      Gracias por leer y comentar el blog.
      Estoy de acuerdo con que, a veces, se utilizan demasiados extranjerismos para parecer más modernos. No me parece mal su uso, pero sí su abuso que creo es lo que se está dando de forma exagerada en los últimos tiempos. Y no sólo por el usuario de a pie, sino por las instituciones que deberían ser las primeras en velar y ensalzar nuestra propia lengua.
      Respecto a que los anuncios se hacen en el idioma del país de origen del producto para identificar tal o cual cosa con su procedencia, no creo que sea así. Cierto que hay algunas marcas alemanas de automóvil, por ejemplo, que acaban su anuncio en alemán, pero son muy pocas. El resto usan inglés. Del mismo modo, coreanos y japoneses, no nos venden su tecnología en su idioma natal, sino en inglés. Tal es el caso de Sony o Samsung. Tampoco verás un anuncio de vodka en ruso. Los únicos que, quizá, se salten esto sean los franceses a los que, en ese sentido, deberíamos copiar. No renuncian a su lengua por muy influyente y usado que sea el inglés.
      En fin. Confiemos en que sea verdad que el tiempo pone cada cosa en su sitio, pero tal vez deberíamos ayudarle un poquito renunciando al abuso de extranjerismos y reivindicando nuestro idioma como marca.
      Un saludo.

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  2. Estoy muy de acuerdo contigo, Verónica.
    (El colmo: cómo pronuncian “Carolina Herrera”… )

    Creo que es un síntoma del absurdo complejo de inferioridad que no acabamos de superar.
    Hace poco, leí que España es un terreno ideal para testar cualquier producto nuevo; por obedientes nos apuntamos a la primera moda de turno sin miramientos. El mercado, que conoce nuestra debilidad, ni se molesta en traducirnos los anuncios, ¿por qué hacerlo si el español imita con afectación las maneras de aquellos a quienes considera distinguidos?
    Quizás esa actitud nuestra, irresponsable y borreguera, se la debamos a tantos años de dictadura, que nos imprimió ese comportamiento sumiso; antes el dogma, ahora el consumo. Más atrás, el horrendo aparato inquisitorial debió de marcarnos a fuego por el pánico a la diferencia… Es el cuento del traje nuevo del Emperador, siempre.

    Lo mismo, es temible la jerga anglosajona que nos empeñamos en usar por la red.
    O esa misteriosa y paulatina desaparición del subjuntivo…
    También, me da rabia cuando se pretende que no queda otra “porque en español no existe el término o la expresión”. ¡Búscalo!
    Creo que, al decirlo en inglés, se sienten menos ridículos, más mundanos y modernos.

    En cambio, ver películas en versión original y subtituladas, algo habitual en otros países y que tan bien nos vendría para el aprendizaje de idiomas extranjeros, pues eso no se hace. ¿Por qué? Al ser tantos millones de hispanoparlantes, el doblaje les sale a cuenta.

    Lo bueno es que dentro de unos años nos reiremos, y lo malo es que sentiremos vergüenza, por pardillos, y crecerá otro poco más el complejo. Pena.

    Un abrazo.

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    • Hola Laura:
      Cierto. El uso de extranjerismo de forma indiscriminada está convirtiendo la publicidad y también nuestro día a día en una especie de “espanglish” que si lo miras bien, con detenimiento, da un poco de pena y vergüenza. Sobre todo cuando son instituciones las que lo fomentan en carteles, publicidad, eventos, etc. En Logroño, por ejemplo, resulta bastante cansado escuchar al concejal de deportes, cada dos por tres, hablar de los “runners” de la ciudad. Molesta y enfada porque resulta que La Rioja es, además, la cuna del castellano. Irónico, ¿verdad?
      No me parece mal el uso de extranjerismos cuando estos son necesarios bien por licencia artística, porque no hay palabra que lo defina mejor, etc. El problema radica en su abuso que se está dando de forma exagerada en los últimos tiempos. Y sí, creo que en parte tiene que ver con la idea que arrastramos, como una mala herencia de la que no hay forma de librarse, de que lo que viene de fuera es mejor que lo nuestro. Un error que en lugar de ir disminuyendo con los años, da la sensación que se ha incrementado. Una pena. Mentes estrechas y cortas de miras.
      Un saludo.

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