Autoedición en música, cine y literatura. Unos sí y otros no

La autoedición, a pesar de lo que muchos puedan pensar, no es un término asociado únicamente a la literatura. La música y el cine también tienen relación con él. La diferencia entre esa asociación radica en el modo en el que se ve y se valora.

A lo largo de los años han sido muchos los músicos que, bien huyendo de la servidumbre a las grandes discográficas o bien porque no han llegado a un acuerdo con éstas, han decidido ser ellos mismos los que se editaban sus propios discos. Ejemplos tenemos muchos, pero os pondré uno que es muy gráfico.  Roberto Iniesta, cantante de Extremoduro, cuando el grupo quiso sacar su primer disco en 1989, fue casa por casa, sí, habéis leído bien, casa por casa, buscando financiación para sacarlo adelante. Fue pidiendo dinero a cambio de una copia que, cuando el disco viera la luz, sería enviada a cada uno de los donantes. Y así lo consiguió.

Música

En el cine pasa algo parecido en el inicio de muchos de los cineastas que hoy son casi un mito. ¿Cuántas veces hemos oído hablar de directores que empezaron con pequeños cortos sufragados por su propio dinero o con la ayuda de familiares y amigos? Innumerables. Lo que pasa es que no nos enteramos de esos difíciles inicios hasta que ya son directores consagrados y pensamos que el camino les ha sido fácil. Pues no es así. Muchos tuvieron que apostar por ser ellos mismos los que se producían sus películas.

Eso que muchas veces llamamos cine independiente, también se autoedita. Un cine por el que las grandes compañías cinematográficas no apuestan y que debe buscar su financiación en otro sitio. ¿Y qué pasa con este tipo de cine? Nada. Nos gusta y hablamos de él, quizá, con más admiración que de las grandes producciones.

Cine

Cine y música, y ahora llegamos a la literatura. Aquí el asunto cambia de forma radical. Nada que ver con lo bien que nos parece la autoedición en la música o en el cine. Enseguida lo entenderéis.

Cuando un escritor no llega a un acuerdo con las editoriales o no consigue que se fijen en su obra, se plantea la posibilidad de la autoedición, más fácil en los últimos tiempos gracias a la aparición de distintas plataformas como Amazon. El escritor autoedita el libro y, a diferencia de lo que pasa con músicos y cineastas, el público en general, la crítica y parte del sector literario no lo alabarán, sino que lo considerarán morralla. Y no porque su obra sea mala, sino porque hay quien directamente opta por no leer ese tipo de literatura que considera de segunda o tercera. Piensan que, al no haber pasado por los criterios de corrección, maquetación, etc, de las editoriales, la calidad será ínfima. No hay criba previa, dicen, y cualquiera publica hoy en día un libro. Y vale, no es del todo falso, pero primero hay que escribir el libro y eso es algo que parece que se olvida. Y escribir, amigos míos, doy fe de ello, no es tarea fácil. No lo es. Ni fácil ni agradecida.

Y reconozco, claro que lo hago, que de todo hay en la viña del señor. No seré yo quien diga lo contrario, pues he leído verdaderas malas novelas autoeditadas, pero, ojo, que también las he leído igual de malas siendo éstas publicadas por editoriales digamos tradicionales. Por lo que uno se pregunta por esa doble vara de medir. En la música y en el cine sí, pero en la literatura no. Jamás. Es difícil de entender. Yo, al menos, no lo entiendo.

Literatura

Y que quede claro, diáfano, que con esta entrada no estoy haciendo boicot o algo similar a las grandes discográficas, productoras o editoriales. Ni mucho menos. Yo, como escritora, estoy deseando que alguna se fije en mí, me haga caso y publique mis libros. La de trabajo que me iba a ahorrar y también disgustos. Lo único que quiero con esta reflexión es que seamos justos y capaces de valorar las cosas como se merecen.

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2 pensamientos en “Autoedición en música, cine y literatura. Unos sí y otros no

  1. Nunca me lo había planteado de esa manera y ciertamente no te falta razón. Yo soy de los que piensan que hay mucho autor autopublicado que merece muchísimo la pena y cuyas obras poco tienen que envidiar a las que nos venden desde las editoriales de más prestigio, de hecho este año estoy participando en un reto de lectura que consiste exactamente en leer libros autopublicados. Y también coincido en eso de que no es de recibo que libros que “presuntamente” han pasado por las manos de editores, maquetadores, correctores, etc. no haya por donde cogerlos, con malas maquetaciones, erratas y demás.

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    • Así es. Hay autores muy buenos autopublicados que merecen más consideración. Creo que se están perdiendo grandes talentos por esa fea costumbre de mirar mal a aquellos que lo intentan de una forma no convencional. Si en la música o en el cine se les mira bien y se les hace caso, ¿por qué no en literatura? En esencia, es lo mismo.

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