Una casa…

Hoy nos vamos a divertir. Vamos a ejercitar nuestra mente y, por supuesto, nuestra imaginación soñando e interpretando lo que los ojos ven a través de una simple fotografía. ¿Os apetece? Adelante.

Mirad con atención la siguiente imagen. Con calma, sin prisa.

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¿Qué veis?

Es una casa imponente. Señorial. Antigua. Su solemne y notable silueta corta elegante el horizonte salpicado de mar. Ventanas y balcones se asoman como atalayas en el cielo agradeciendo los últimos rayos de sol.

Es hermosa y tiene cierto toque misterioso. ¿O no?

Ahora volved a echar un vistazo a la fotografía. Guardad los detalles en vuestra mente, cerrad los ojos y dejad que sea la imaginación quien os guíe para descubrir lo que esa casa puede significar.

¿Qué imagináis?

Tan solitaria en la colina, ¿a qué otra casa os recuerda? Sí, estoy de acuerdo. Hitchcock y Norman Bates vienen a mi mente sin remedio. Quizá, si uno se fija bien, en una de las ventanas del piso de arriba, puede ver cómo se mueven las cortinas. ¿Se mueven?

Vale, reconozco que, al ponerla en blanco y negro, no he sido del todo justa y por eso, esta vez, haremos una excepción en el juego y volveremos a abrir los ojos para verla de nuevo pero a color, tal como es.

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Volved a cerrar los ojos y seguid imaginando la casa y su historia.

También podía ser sólo la vivienda de una rica y adinerada familia aristócrata. Allí vivirían acompañados de sus sirvientes rodeados de una vida de lujo y riqueza. Pasearían por sus verdes jardines y tomarían café con pastas en el porche, siempre escuchando el susurro constante del viento que acaricia con mimo su rostro.

Aunque, quizá, fijándonos un poco más al detalle en esos rostros, examinado su semblante, nos demos cuenta de que el viento no les acaricia con mimo, como creíamos. Tal vez, en realidad, les recuerda, como testigo imperecedero de la memoria, que tras las paredes de su idílico hogar esconden una verdad terrible. ¿Qué oscuro secreto ocultan entre los muros de su mansión?

Dejemos a esa familia a un lado y sigamos imaginando porque estoy segura de que otra idea ha llegado vuestra mente.

Halos de energía que vienen y van murmurando por las rendijas. Frío helador que susurra palabras de desconsuelo a quien osa pisar la casa. Espectros y fantasmas que caminan condenados buscando la manera de escapar de allí. Fantasmas, sí. Es un lugar ideal para que habiten los fantasmas.

Y ahora, por fin, volved a abrir los ojos y echad un nuevo vistazo a la fotografía.

Os diré que se trata de la casa del Duque de Almodóvar del Río, ubicada en Comillas (Cantabria). Fue mandada construir en 1896 por Manuel Sánchez y Gutiérrez de Castro y su mujer Genoveva de Hoces y Fernández de Córdoba, Duques de Almodóvar del Río y Marqueses de la Puebla de los Infantes.

La casa ha sido el escenario de algunas películas de terror gracias a su peculiar aspecto y al halo de misterio que desprende. Films como Sexykiller, morirás por ella o La herencia Valdemar fueron rodados en ella. Dicen que su mobiliario, el suelo, los cuadros, además de su interiorismo, han permanecido intactos desde que se estrenara la vivienda, lo que ayuda a acrecentar el misterio que parece querer desposarse con ella.

Ahora que sabéis la verdad sobre la casa de la fotografía, ¿seguís imaginando lo mismo?

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