¿Dónde está el silencio?

Confieso que me gusta el silencio. Lo adoro. Creo que es necesario y que está, en estos últimos tiempos, en peligro de extinción.

Taize-Silence

España siempre ha sido considerado un país ruidoso y también los españoles. Se supone que somos escandalosos por naturaleza. Bien, es cierto que hay ruidos a los que somos asiduos como los petardos, las fiestas y algarabías o las canciones mal entonadas cuando se está alegre, pero hasta hace poco me negaba a creer que el ruido fuera parte intrínseca de nuestra forma de ser. Pensaba en el ruido como algo puntual, algo de las grandes ciudades con sus coches y su gentío de un lado para otro, siempre con prisa. Pensaba en el ruido como producto de una tarde de cumpleaños, de una fiesta, de un día cantarín o de unos jóvenes muchachos con las hormonas desbocadas jugando a ser adultos en un parque al abrigo del alcohol. Pero me equivocaba. Lo reconozco.

Desde hace unos cuantos años me he dado cuenta, no sé si a vosotros también os ha pasado, de que hay más ruido por metro cuadrado que silencio. Muchos más.

El silencio debería de ser algo que se inculca y se trasmite de generación en generación haciendo hincapié en lo importante y valioso que es para la realización de múltiples tareas como puede ser estudiar, leer, ver una buena película, pensar, reflexionar, descansar… Hace poco leí en prensa que hay varios colegios de Barcelona que han colocado en sus instalaciones unos medidores de ruido para que los chavales, desde bien pequeños, aprendan a valorar el silencio y a desechar el ruido innecesario. Si esto se está empezando a hacer es porque hay, menos mal, quien se ha dado cuenta de que nuestros niños se están convirtiendo en excesivamente escandalosos y alborotadores al margen del mero hecho de ser niños.

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Hay que educar a los pequeños en el respeto y en el silencio porque éste nos hace reflexionar y pensar, algo que también está en vías de extinción, y crecer por dentro. Nos hace entender mejor todo lo que nos rodea y nos permite fijarnos en aquellas cosas, pequeñas o grandes, que están a nuestro alrededor conformando nuestro mundo.

Me gustaría que esta experiencia piloto en los colegios sirviera para desechar, de una vez por todas, ese pretexto que muchos utilizan, cada vez la oigo más y con más vehemencia, que dice: “es que son niños, y los niños meten ruido”. Se ha desarrollado y generalizado de tal manera que la libertad y emancipación que se les da a los pequeños para meter ruido es demasiado enorme. Así no me debería de extrañar que haya a quien le parezca normal, hasta natural, que sus hijos se dediquen a dar golpes a las estufas, suelos o paredes de su casa con distintos tipos de objetos (pelotas, balones, pies, manos, patines, etc.) sin importarles lo más mínimo si eso molesta de algún modo a los demás. Y ahí, en ese los demás se ve un claro ejemplo de la falta de educación sobre este asunto y la relación de ésta con el silencio.

Las cuatro paredes de tu casa y la excusa de que los niños son niños no deberían servir para poder eludir y rehuir la responsabilidad de educarles. Hay que explicarles, desde bien pequeños, que su libertad, para muchas cosas, acaba donde empieza la de los demás. La del resto. Esto es, pueden meter ruido, pero con un límite, un horario y, sobre todo, el sentido común de los adultos que les rodean ya que sobre estos recae la obligación de dar ejemplo. No hay que olvidar que los niños son como una esponja que absorbe todo lo que ven y oyen.

Niños

¡Ay, el silencio! ¡Qué mal visto está! ¡Qué abandonado!

Se pisotea bajo la aparición de un nuevo deporte nacional que es el arrastre constante, continuo y a cualquier hora de los muebles y enseres del hogar. Deberían declararlo deporte olímpico. Ha debido de pasar de moda eso de levantar las sillas para sentarse o lo de poner fieltro o cosas parecidas bajo los muebles para evitar el ruido y el roce sobre el suelo. Ya no se lleva.

Se mancilla bajo los cánticos satánicos a todo volumen, a grito pelado para ser exactos, y de indio apache de una madre a su bebé que, bajo la apariencia de nana mal cantada, decide invitar a todo el vecindario a escuchar sus cánticos de sirena a cualquier hora, cualquiera. Y también el llanto de su hijo que, claro está, con semejante cantinela perversa y casi demoníaca no se duerme ni a tiros.

Y se machaca bajo las radios y televisores a todo volumen de aquellos que consideran que viven solos en el universo o bajo los pitidos de la flauta de un niño que aspira a ser el flautista de Hamelín a las 7 de la mañana.

Ya lo he dicho al principio, me encanta el silencio y lo echo de menos. ¡Cuánto lo echo de menos! A veces creo que es como si se hubiera extinguido. Como si se hubiera ido para siempre y no pensara volver. ¿Dónde está el silencio? ¿Cómo leer un buen libro si no está? ¿Cómo escribir una buena historia si se ha ido? ¿Cómo pensar si ese bendito silencio nos ha abandonado?

depresión

Tengo una teoría que a muchos resultará cruel sobre las personas excesivamente ruidosas pero ya que he empezado, terminaré. Pienso que para algunos quizá sea mejor no pensar. Tal vez se trate de llenar la cabeza de ruido para no ver lo que uno es y lo que tiene. A lo mejor el ruido es el Valium de las mentes cobardes que no se atreven a enfrentar su verdadero yo, su condición y su vida. La que en su momento tomaron y eligieron y que ahora, quizá, no les guste. Quién sabe si deciden llenar su vida de ruido porque el ruido aleja el silencio y con él, el sentido común, la razón y el entendimiento.

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5 pensamientos en “¿Dónde está el silencio?

  1. Que seria sin ese silencio con el que poner en orden las ideas, leer, escribir…
    Vivimos en un mundo tan ruidoso que cuando se encuentra hay que disfrutarlo.
    Saludos!!!

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  2. es un estupendo post, q m llega en un momento en q cada vez soporto menos el ruido d los coches (soy d barcelona). todo es una cuestión d equilibrio, supongo, un exceso d silencio podría volvernos introvertidos. saludos

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    • Hola Javi:
      Gracias por leer y participar en el blog.
      Me alegro de que te haya gustado el post. A mí también me pasa. Cada vez llevo peor lo del ruido y eso que vivo en una ciudad pequeña como es Logroño, pero hay ruidos a los que les da igual donde estés. Ellos arraigan.
      No sé si un exceso de silencio nos haría introvertidos, pero no creo que lo podamos averiguar porque me temo que no viviremos tal situación. El ruido es mayor y lo invade todo.
      Un saludo.

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  3. El Silencio esta en mi audiccion,hipoacusica lo soy,y soy amiga de silencio totally,marcha negra,sin gritos no puedo escuchar sin dos par audifonos,cuando desconecto reconoci el mundo silencio ,solo puedo decir que el silencio esta dentro de mi …y todos somos iguales en amos sordos y hipoacusicas.estoy bajo de cien que escuchas….. etoy 60 decibelio sin mi par audifonos bilaterales.” tengo 3 vidas : uno silencio,hablo oral con pares audifonos escucho los sonidos y leo labios con silencio…,sin silecio con musica no da y pero con audifonos escucho muisca y me hace costar seguir la voz cuando canta…..para mi es todo nuevo jajajjaja
    seguro vos te gusta el silencio sorprenderas mi opinion.,visita al blog!!!!!

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