La banalización de la cultura

Ayer leí un artículo muy interesante en el diario El País en el que se trataba el tema de la belleza en un escritor. Eso me chocó porque yo pensaba que el físico de un literato no era lo importante de su profesión, sino lo que éste escribe, cómo lo escribe, lo que logra transmitir a sus lectores, etc. Si es guapo o no lo es, si tiene abdominales, larga cabellera rubia o unos buenos pechos no me parecía, y sigue sin parecérmelo, relevante a la hora de elegir si leo o no sus obras. Yo pensé que eso se miraba por la calidad, pero parece ser que me equivoco.Sexy1

A través de distintos ejemplos de escritores de aquí y de allí que han sido encumbrados por las redes sociales o por revistas de moda a hombres y mujeres sexys, el periodista nos plantea el debate, así lo interpreto, respecto a si la imagen de un escritor que resulta sensual, guapo o atractivo puede hacerle vender más que a uno, llamémosle, simplemente normal. Y parece ser que sí, que puede ser de mucha ayuda.

No debería de sorprenderme, pero lo hace. No hay nada malo en ser guapo y escribir de muerte, pero si el escribir se supedita a ser sexy, entonces estamos hablando de cosas distintas. Preocuparse por el físico, por la aparecida, repito que no es nada malo. Incluso es saludable siempre que se haga dentro de la lógica. A todos nos gusta vernos guapos, ser atractivos y sentirnos especiales, pero si eso es lo que marca el camino al triunfo y a la notoriedad literaria, creo que hemos perdido el norte.

El artículo en cuestión, titulado Cuando el escritor es un ‘sex symbol’, sirve para ilustrar, una vez más, cómo en los últimos tiempos se está dando una total y absoluta banalización de la cultura, donde lo importante no es la calidad de las obras, sino otras cosas. Esto se ve muy bien en el mundo de la música en el que se lazan estrellas que no sabemos si realmente saben o no cantar, pero que están “buenorras “ o “buenorros” y con eso, ya vale.

Al hilo de este asunto, otro modo de banalización que hemos vivido, sobre todo estos dos últimos años, ha sido la utilización de rostros conocidos para la elaboración de novelas. El caso más mediático ha sido el de Belén Esteban, aunque ha habido más. En estos meses hemos asistido, atónitos algunos, a la salida a la venta de un buen número de novelas escritas, sobre todo, por presentadores de televisión, pero también por, no sé cómo calificarlos. Hasta Julián Muñoz ha escrito un libro titulado La cruda verdad.

libros de famososYo no dudo, no tengo motivos para hacerlo, de que algunos de ellos hayan escrito sus novelas con esfuerzo, dedicación y maña, y que se merezcan ser reconocidas por su calidad, pero hay otros, debemos ser realistas, que no fue su mano la artífice de la obra. El periódico El Mundo ya se hizo eco de este fenómeno en su artículo Los ‘negros’ que escriben los libros a los famosos.

Si bien los casos han sido muchos, el más sangrante para los que nos dedicamos al difícil, cada vez más, mundo de la literatura ha sido el de “la ex novia del torero y madre de su hija”. Las colas que se formaban en las grandes superficies cada vez que esta señora iba a firmar su libro, eran estratosféricas. Vendió miles de ejemplares (creo recordar que más de 100.000 en un mes). A la gente que se agolpaba como borregos frente a las puertas de las librerías donde la susodicha gran escritora estaba firmando ejemplares, le daba igual que el libro lo hubiera escrito ella o no. No iban a buscar literatura. Eso, al menos, es lo que creo.

Yo no voy a ser quien empiece a despotricar sobre la señora Esteban y tampoco me voy a poner a criticar que no escribiera ella misma el libro o a dudar sobre la calidad literaria del mismo. No, no lo voy a hacer. Tampoco voy a entrar en el debate de si su libro pretende o no ser literatura, o si es simple entretenimiento. Cada uno que piense lo que quiera, faltaría más, que todos somos mayorcitos. Pero sí quiero con esto recordar que no vale luego quejarse y lamentarse de la pérdida general y constante de valores de una sociedad cuya máxima aspiración es ser como esta señorita. Quien siembra vientos, recoge tempestades.

En conclusión, hoy en día parece ser que para algunos es más importante que el escritor esté bueno, sea guapo, famoso, tenga dinero, sea sexy y atractivo a la calidad de su obra. Que escriba mejor o peor es, en realidad, lo de menos. Al final, el libro, en la estantería, justo a lado de todos esos otros que un día compraste, pero que no leíste y que ahora no piensas leer porque están “out”, queda estupendamente.

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