Yo sí quiero ser princesa

Ayer, como ya sabréis, abdicó el Rey. Al margen de la página histórica que se abre y de las importantes consecuencias políticas que trae consigo esta decisión, por mi cabeza pasó otro asunto también relacionado con la realeza. Pensé en la moda, cada vez más en auge, de eliminar a las princesas y los príncipes de los cuentos.Princesa1

Desde hace ya unos cuantos años se ha puesto de moda la modernización de cuentos clásicos, lo que no está mal, no seré yo quien lo critique, y se ha optado por cambiar los papeles que, sobre todo, jugaban las princesas de cuento. Se ha preferido que dejen de ser princesas para ser mujeres modernas. El problema que yo le veo es que esa mujer moderna de la que muchos hablan, también es inventada.

Si nos fijamos en las princesas de cuentos, tampoco hay tantas como creemos. Tenemos a Blancanieves o a La bella durmiente, por ejemplo. Pero el resto de mujeres que luego acaban casándose con el príncipe no siempre fueron princesas. Así le pasó a Cenincienta o a Rapunzel. Eran plebeyas, súbditas, pero no de la realeza. Muy al estilo de la futura reina de España.

Estas mujeres de cuento vivían hace siglos y sus historias fueron contadas también hace siglos. No podemos pretender que vieran la vida como la vemos ahora. Son cuentos de entretenimiento para que las mentes de los más pequeños vuelen y se diviertan. Para que imaginen, sueñen y, por una tarde o un día, quieran cabalgar en un bonito corcel blanco y vestirse con un hermoso traje que desaparecerá a las doce de la noche en punto. ¿Qué hay de malo en todo ello? Yo crecí escuchando, leyendo, jugando e imaginando esos cuentos y por ello no soy una mujer sumisa, machista o anticuada.

Princesa2Cierto es que, por ejemplo, cuando Blancanieves, que pocos saben que está basada la historia real de Maria Sophia Margarethe Catharina von Erthal, conoce a los enanitos, les limpia la casa y les hace la comida. Eso es lo que se hacía en 1812, cuando se publicó el cuento de los Hermanos Grimm. Una mujer de hoy en día seguramente no les limpiaría ni les cocinaría, pero ¿acaso esa mujer moderna se quedaría mano sobre mano haciendo nada? Quizá lo de antes peque de antiguo, pero lo moderno que muchos intentan enseñar al cambiar el cuento, tampoco es real. Mujeres modernas que no limpian, no cocinan, no tiene hijos ni marido porque han renunciado a todo eso por su carrera laboral. No creo que todas las mujeres modernas de hoy en día sean así. ¿Acaso las mujeres modernas no limpian ni cocinan? ¿Acaso las mujeres modernas no se ocupan de su casa además de su trabajo? Hacen, que yo sepa, un poco de todo eso cada día. Y si tienen hijos, más, porque las hay que también tienen hijos.

Estamos de acuerdo que cuando vas por la calle, los arboles no te saludan y que ni los pajarillos ni las ardillas se acercan a ti a preguntarte qué tal te ha ido el día, pero ¿qué hay de malo en ser niño e imaginar que eso es posible? La realidad ya es bastante cruel, muchas veces demasiado, como para que no dejemos que los niños sueñen y sean niños.

Los árboles no hablan, pero a nadie le parece mal que lo hagan en una historia como la de El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien. Los animales tampoco hablan, pero nosotros hablamos con nuestras mascotas. ¿Quién es el loco? ¿Qué realidad enseñamos entonces?

Blancanieves_DisneyLos príncipes, doncellas, caballeros y princesas están mal vistos, pero no un gato azul con una bolsa pegada a la barriga, cual marsupial, que más parece el bolso de Mary Poppins, que habla, vuela y soluciona todos los problemas de su compañero de juegos de forma mágica. Será que los gatos azules voladores y cósmicos se acercan más a la realidad moderna de los niños y yo no me había dado cuenta.

Está bien modernizar los cuentos, cambiarlos y adaptarlos, pero no esconderlos. De ellos también se puede sacar mucho aprendizaje como, por ejemplo, el amor a la naturaleza. Y también, aun pudiendo ser criticada por lo que voy a decir, creer en el amor verdadero. ¿Está mal soñar con el príncipe azul? Para muchos sí, pues no existe. Bien. Cada uno puede hacer lo que quiera, pero dudo mucho que haya quien se enamore pensando que el amor no existe.

El amor es uno de los sentimientos, inculcados en estos cuentos clásicos, que mueve el mundo. Por amor uno es capaz de hacer locuras. Es por amor por lo que las princesas y doncellas de estos cuentos acaban despertándose, bajando de torres o poniéndose un zapato de cristal. Es por amor por lo que los caballeros y príncipes de estas historias cabalgan sin descanso, corren peligros y salvan a sus amadas. ¿Qué hay de malo en ello? Quizá que en el mundo en el que vivimos nadie hace eso por nadie. Pudiera ser, pero se hacen otras cosas.

Princesas4Quizá las historias de hadas estén pasadas de moda, sean machistas y poco apropiadas para las mentes, cada vez más débiles, de nuestros infantes, y creer en la magia sea algo de hace mucho, mucho tiempo. Quizá los príncipes azules no existan y destiñan, como algunos afirman, y las niñas ya no quieran ser princesas, como decía Sabina. Quizá los duendes y los nomos deben quedar para siempre sólo en la imaginación de aquellos afortunados que los disfrutamos cuando éramos niños, pues ahora han sido sustituidos por seres de otras galaxias de nombre impronunciable que luchan, sí luchan y batallan cual cruel enfrentamiento bélico, por lo que sea que luchen. Pues bien, a mí me da igual porque yo sí quiero ser princesa.

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4 pensamientos en “Yo sí quiero ser princesa

  1. Muy bien, Verónica, me ha gustado mucho leer esta interesante reflexión sobre los cuentos populares.
    Está claro que -según leía ayer al editor de Mo Yan [editorial Kailas]- “Todo es basura menos la literatura”. Y es que, al fin y a la postre, es lo que permanecerá vivo en el tiempo. Los reyes abdicados, los aupados al trono, los políticos y otros secuaces… pasarán, eso sin duda, pero la gran literatura, ésa….¡no pasará!

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    • Hola Juan Carlos:
      Muchas gracias por pasarte por el blog y comentar.
      Así lo creo yo también. La literatura estará siempre ahí, por mucho que cambie el mundo.
      Difiero de Mo Yan respecto a que “todo es basura menos la literatura”, pues también hay grandes películas, obras de arte en escultura o pintura, música, etc. que también permanecerán.
      Sobre política, mejor ni hablamos…
      Un saludo.

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  2. Pues sí, Verónica. Esas princesas eran arquetipos y los personajes de los cuentos “contemporáneos” también lo son. Ni existían aquellas ni estas princesas de extrarradio que hoy se nos venden como modelo son demasiado habituales, pero, qué le vamos a hacer, cada època elige sus cuentos y reescribe los de los tiempos pretéritos.
    Dragones, príncipes y princesas tenían su punto. A mí me siguen gustando sus historias, por muy republicano que me declare. Y, también es cierto, me gustan los lobos que se comen a los cabritillos y a las caperucitas.
    Y los cazadores que se vengan.
    Por muy cruel que resulten todos estos argumentos.

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    • Hola Luis:
      Estoy de acuerdo. Tenían su punto y lo siguen teniendo. De hecho, son un filón, por ejemplo, para el mundo del cine. Y sí, los lobos también me gustan. Y las brujas, los trols… porque ¿qué sería de los buenos si no hubiera malos?
      Un saludo.

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