La soledad del escritor

No se trata de una queja. Simplemente es la realidad porque la soledad y el escritor son un equipo. La padece y la sufre, pero también la necesita. Incluso podríamos decir que la ama.

Cuando un escritor comienza un proyecto y se enfrenta con sus ideas y planes a una página en blanco, la soledad será su compañera en las primeras frases que emborronen ese papel, y seguirá ahí hasta el final.

Soledad

El escritor puede comentar la historia con otros, hablar de los personajes, del desarrollo de la obra, pero la única que le comprenderá al cien por cien será su propia soledad ya que ella conoce, tan bien como él, lo que realmente está pasando en su libro. Ella le dará las claves para poner esto o lo otro, para ir por aquí o por allí. Ella, como compañera fiel, siempre fiel, le dejará pensar en libertad, sin cortapisas, sin censura, tan sólo la propia, y le guiará por los senderos de las páginas y los caminos de las palabras, ayudándole a crear el pasaje hasta el final.

El silencio también será compañero, pero ése puede irse de vez en cuando y no pasa nada. En cambio, la soledad no puede abandonar al escritor.

Cuando se escribe, ya lo decía Kafka, uno debe escuchar, de verdad, su propia voz y para ello no hay mejor manera de conseguirlo que junto a la soledad. Odiada y amada de igual modo, pues lo mismo te aflige el alma que te llena de alegría, es necesaria. Oscar Wilde también explicaba que solamente aislándose por completo, se puede trabajar.

Y no significa esto que el escritor sea un ser solitario. No tiene por qué serlo. Pero cuando las ideas fluyen, cuando las historias se forman y se escriben, entonces el escritor se convierte en solitario. Sólo él y la soledad pueden escribir una historia.

Ella, la soledad, será la única que vea al escritor en blanco, desesperado porque las ideas y las musas lo han abandonado. La que contemple con admiración al que, inspirado, no para de escribir, mas no puede hacerlo pues tiene miedo de que esa inspiración, como vino, se vuelva a marchar. También al loco que se ha perdido por el camino o al que abatido, vacío y seco, echa mano de un poco de alcohol para seguir. Del que se enfada y lo borra todo, y del que se alegra y canta y baila por la habitación, sabiendo que sólo la soledad le vigila y sólo la soledad le ve.

Soledad2Y es que únicamente la soledad puede ser testigo de cómo el escritor crea.

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