El lenguaje de los nuevos expertos

Por todos es sabido que hay determinados tipos de lenguaje que son complejos y difíciles de entender e interpretar. Tal es el caso del lenguaje científico, el jurídico y muchas veces, el administrativo. Hay más, pero estos son a los que normalmente nos tenemos que enfrentar de forma más común.

RAE_ExpertoSe ha dado por hecho que estos lenguajes son complicados por la materia de la que tratan y todos hemos aceptado esa dificultad y, casi, hemos encumbrado esa forma de expresarse como algo que es así porque sí. No nos lo plantemos ni lo ponemos en duda. Entendemos que un juez, en sus autos, para explicar el motivo de una decisión, se exprese con millones de subordinadas, locuciones antiguas, utilice el latín y explicativas constantes.

Estos lenguajes han existido toda la vida. Hemos aceptado que un experto en leyes hablara un lenguaje complicado que no entendemos de forma sencilla a la primera. Lo hemos asumido como algo normal.  Pero ¿qué sucede si esta práctica se extrapola a otras profesiones? ¿Qué ocurre entonces con el lenguaje de algunos nuevos expertos? Pues lo que sucede es que empezamos a sentir que se nos toma el pelo.

Cuando surgen expertos que, queriendo elevar su categoría profesional al nivel que se cree tienen letrados, jueces, médicos o científicos de la NASA, deciden que su trabajo también debe de tener un lenguaje complicado y sus discursos comienzan a transformarse en algo difícil de traducir para el común de los mortales, tenemos un problema. No hay que olvidar que lo que sembremos hoy, será lo que recojamos mañana.

Esto se da mucho en las profesiones relacionadas directamente con internet y todas las aplicaciones de la informática y las nuevas tecnologías.  No sé si os habréis fijado pero, en su mayor parte,  estos nuevos expertos dominan materias todas ellas con nombre y apellidos ingleses. El castellano debe ser una lengua demasiado vulgar para este tipo de personas que lo abandonan a la mínima sustituyéndolo por expresiones extranjeras que, parece ser, dan más fuerza y empuje a sus carreras profesionales. A , a veces, me da la sensación de que no lo hacen para parecer que dominan una lengua extranjera, sino para ser más expertos aún. Esto es: hablo de una manera que nadie me entiende para que luego se vean obligados a contar conmigo, como experto que soy, para aclararles qué es lo que estoy diciendo.

LinkendInEjemplos prácticos tenemos a millones. Sólo hay que, por ejemplo, darse una vuelta por el currículum vítae de muchos expertos de la red Linkendin y ver sus aptitudes. La mayoría están en inglés. Bien es cierto que la red social te lo facilita y te anima a que uses términos extranjeros, pero con un poco de tiempo y usando la mente, podemos decir lo mismo en castellano. En lugar de ser Public Relations podemos decir que somos Relaciones Públicas. ¿Cuál es el problema?  En lugar de decir que sabes Editing, Event Planning o Political Communication, tan sólo pon que editas, planificas eventos y sabes llevar la política de comunicación de, digamos, una empresa o una institución. No me parece tan difícil.

Claro que teniendo en cuenta que nuestro querido castellano cada vez está siendo más ninguneado incluso por la propia academia encargada de defenderlo y que, hoy por hoy, da lo mismo un café solo que sólo* un café, no es de extrañar que estas cosas sucedan.

Al margen del poco aprecio que se le tiene a la lengua con la que uno jugó desde pequeño y que le acompaña allá donde mire, muchos nuevos expertos, porque estamos hablando del lenguaje de los nuevos expertos, creo que juegan al despiste.

Taller (www.bancodeimagenesgratis.com)Me recuerdan a esos mecánicos, que haberlos haylos,  a los que alguien que no sabe de mecánica les lleva el coche al taller con una pequeña avería. Al cabo de unos días  devuelven el vehículo con una factura estratosférica. Preguntado el mecánico por el ingenuo desconocedor dueño del coche sobre la factura, éste sonríe e hinchando el pecho responde muy serio: <<Es que había un problema con la junta de la trócola>>. El pardillo ignorante de los motores se va a su casa con la sensación de que algo no cuadra. Se va sin saber si realmente existe la trócola y si tiene una junta, pero como lo ha dicho el mecánico, es decir, el experto…

Pues esa sensación con la que el pobre ignorante se va del taller, es la que a veces me embarga cuando un nuevo  experto se me acerca y con una sonrisa de oreja a oreja empieza su discurso.

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